Manifiesto 2 de Julio del 2005
Escrito por SodLogan en: Casposidad, Protestas, Reflexiones , trackbackNo es mi intención con este manifiesto la de convertir este mi -nuestro- magnánimo blog en una retahíla de columnas sensacionalistas, pastelosas, buenrollistas y/o casposas. Simplemente pretendo escribir, espero, una breve columna acerca de lo que me ha pasado en los últimos días y lo que todo ello me ha llevado a pensar. Además, ahora mismo no tengo internet, por lo que también escribo para relajarme, desahogarme y, sobre todo, entretenerme. Me permitiré, y espero que llegado el caso se sepa perdonárme por ello, varias expresiones y/o líneas de soberbia, pedantería y autoalimentación del ego. Para los más aguilillas, decir que el texto lo estoy escribiendo ahora mismo (II/VII/MMV -así es, soy un flipado) en un cutre aunque útil txt, nada menos que Manifiesto.txt. Si estás leyendo este manifiesto es que ya tengo internet: alégrate por mí.
Establecido el pequeño prefacio de mi nuevo artículo, paso a contar lo que ha venido pasando en las últimas semanas. Como ya todos sabréis, poco más de un mes ha que soy BachillerundsirLogan, lo que me permitió hacer la temida a la par que rodeada de leyendas urbanas Prueba de Acceso a la Universidad, conocida por todos como Selectividad.
Mi graduación pasó práctica e injustamente sin pena ni gloria por el instituto -a pesar de sobresalir en la fiesta de fin de curso- debido a que, a pesar de reclamar la nota de francés “por considerar que la calificación otorgada es insuficiente, cosa que viene pasando durante todo el curso”, mis queridísimos profesores prefirieron no ponerme una Matrícula de Honor, aunque, eso sí, le regalaron una a una chavala que no había aprobado un examen de griego en todo el curso, hija, casualmente, de un profesor; así está la cosa. Pues bien, a pesar de todo esto, los días 15, 16 y 17 de junio, creo recordar, me encajé con la cabeza bien alta en la Facultad de Ingeniería de la Cartuja para hacer la dichosa prueba. La distribución de las asignaturas era la siguiente: 15 - Lengua, Filosofía, Inglés (un saludo, Nerea); 16 - Historia del Arte, Griego; 17 - Latín.
Caprichos del cruel destino, sobre el día 20 caí casi muerto a causa de una violentísima varicela cuyas marcas aún tengo. Si no me equivoco, al día siguiente, día 21, internet se me fue al carajo gracias a la incompetencia, frescura y terrorismo de Jazztel. Sin duda alguna, empecé bien las vacaciones.
Estando a día 24, postrado en un jergón con 39º de fiebre, con 5 kilos menos y con el cuerpo como si hubiera vuelto de 30 años en Vietnam, parece ser que las notas se hicieron públicas. A mí, en ese momento, me daba igual, ya que veía poco probable que mi vida se extendiera más de un par de días. A pesar de esto, mi mamá llamó al teléfono que se habilitó para preguntar por las notas y, tras dar mi número de DNI, recibió una respuesta de un contestador automático que debió ser algo como “La nota de su prueba es de 8,4; por ser la nota de su expediente la de 8,11, su nota de acceso a la universidad es de 8,23″. He de reconocer que, cuando me lo dijo mi madre, consiguió arrancarme una sonrisa. Por la tarde, vino mi padre con un folio que consiguió con las notas de cada examen, tal que así: Lengua: 7; Filosofía: 8; Inglés: 9,5; Historia del Arte: 8; Griego: 7,5; Latín: 9,8.
Pasados unos cuantos días más, me sentí con fuerzas como para salir a la calle, a pesar de ir descaradamente marcado como “apestado por la varicela”. En ese momento de encierro y total aislamiento de casi 10 días me daban igual todas esas gilipolleces, así que me vestí y emprendí el camino hacia el instituto, donde debía recoger algunos papeles y donde podría ver las notas de los demás. Así pues, cuando me hallé enfrente del tablón de anuncios, localicé la columna de la media de la nota de Selectividad y comencé a mirar todas las notas. Nadie, absolutamente nadie, tuvo cojones de sacar más nota que yo, ni siquiera los afortunados matriculeros. Cuánto habría dado por encontrarme a los profesores que más me jodieron en la evaluación, a aquellos listillos que han pensado desde que me conocen que soy un mediocre e incluso que mi coeficiente intelectual no superaba al de un chimpancé; un gran y erecto dedo y mi más sincero y profundo odio para todos ellos.
No podría dar por finalizada esta nueva y anómala entrega del blog sin antes saludar a toooooooooooodos mis amigos. Gracias por interesaros por mí durante estas dos semanas, por dónde carajo estaba, por mi salud -sí, sabíais que estaba chungo-, por mis notas. Gracias por todas vuestras incesantes llamadas, por la abrumadora cantidad de mensajitos al móvil que me habéis enviado. Pobres os habréis quedado con tan ingente gasto que habeis hecho por mí. Por favor, entiéndase la espero que mordaz ironía con que está escrita todo este último párrafo.
Un saludo hasta la próxima columna, espero que normalizada.

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