Esos viejos rebeldes 4 de Agosto del 2006
Escrito por SodLogan en: Casposidad, Protestas, Reflexiones, Ver para creer , trackbackHay que ver lo rebeldes que pueden llegar a ser algunos viejos. Ya lo hice notar hace unas cuantas columnas, hablando del TUSSAM y la manía que tienen las viejas de ordenarte que les dejes el sitio. Yo se lo doy por las buenas, pero no venga gritándomelo desde que está picando el bonobús, oiga.
Y es que, haciendo patente mi gran tenacidad, he ido hoy, como estaba programado, a estudiar a la biblioteca. A la hora o así llegó no una vieja, sino una cincuentona burguesa toda pintada y con tacones para ir haciendo ruido mientras sube las escaleras y anda hasta sentarse.
Allí llegó la tía y se sentó cerca de mí. Cogió y sube una bolsa a la mesa, estando expresamente prohibido entrar a la biblioteca con cualquier tipo de bolsa o mochila. Para colmo, no era una bolsa de éstas de tela, sino una del Zara o similar, de esas que hacen ruido en cuanto las tocas.
Se puso a hurgarla en vez de sacarlo todo de golpe. Así se pasó al menos un minuto. Una vez que terminó de molestar se fue de la mesa, supongo que a llamar por el móvil, y no apareció hasta, por lo menos, tres cuartos de hora después. Nota: El tiempo máximo de “abandono de mesa es de 30 minutos”.
Tras este tiempo volvió, hojeó un poco uno de sus libros, cogió el móvil y se puso allí a hablar como si estuviera en su casa, dando datos a su interlocutor. Esto ya provocó el movimiento de cuello al unísono de toda la sala, aunque a ella le dio bien igual. Hay que ver… qué poco miramiento por los demás…

Y no solo este ejemplo, junto al del TUSSAM, tengo para esgrimir mi teoría de los viejos rebeldes. Por supuesto, no todos lo son; pero tanto que se las dan de veteranos, experimentados y mejor educados que “estos jóvenes de hoy en día…” para que después vengan con éstas.
Ah, sí. Quería ahora hablar de esos viejos, o ancianos (para que no se note nada peyorativo en mi escrito) que, siendo conscientes de su lentitud, normal por su edad, se ponen a cruzar 30 metros de calle cuando el semáforo está parpadeando y le queda un segundo para ponerse en rojo. Claro, hasta que cruza, ya se le ha vuelto a cerrar el semáforo a los coches.
Lo peor de todo es que si algún conductor les pita, salta siempre algún casposo peatón increpando al desesperado conductor:
¿No ves que es mayor?
Pues que no cruce en rojo…

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