Peligro en el baño 8 de Agosto del 2006
Escrito por SodLogan en: Reflexiones , trackbackEs curioso que un mismo habitáculo pueda ser causa de tantas felicidades y, a la vez, de tantas desgracias. El cuarto de baño, en efecto, es una parte de la casa (y de cualquier edificio, en general) de lo más variada. Puede proporcionarnos grandes alegrías como cuando, tras unas horas con el mojón asomando, podemos despedirlo o tras la primera (y también sucesivas) pajilla. ¡Ahhh!
Pero no es oro todo lo que reluce, claro. Siempre hay peros. ¿Qué se puede decir de, por ejemplo, y siguiendo con lo anterior, esas mañanas en las que te levantas estreñido y parece que estás pariendo a la mierda cabrona? Eso sí que es cosa mala. Y encima con la cara del niño del anuncio de Volkswagen.
Pero, a ciencia cierta, lo peor son los malditos baños públicos. En el Bar Manolo, en el de la biblioteca, el de la uni, el del McDonald’s… unos más límpidos y otros menos, todos pueden darnos alguna sorpresa desagradable.

Como todo varón sabrá, no hay nada más vitando que los váteres estos de pared. Lo peor es cuando son enanos como en la foto. Y, como en la foto, es curiosa la conducta que normalmente se sigue cuando no hay más remedio que mear en uno de ésos. Lo leí una vez, posiblemente en un blog, y ahora lo reproduzco según recuerdo:
El primero en llegar se va al de una de las esquinas y allí, ufano, descarga la vejiga. Si viene un segundo individuo, automáticamente se dirige al de la esquina opuesta. Si viene un tercero y los susodichos siguen ocupados, remoloneará uno o dos segundos y seguidamente se irá al de en medio. Si viene otro más, posiblemente remoloneará aún más (intentará beber agua, lavarse las manos, sonarse los mocos, etc.) hasta que uno se quede libre. Porque claro, no mola que estés tú ahí liado y venga el de al lado y se te ponga a mirar de reojillo.
A parte de lo comentado, otro de los mayores problemas de estos artefactos sanitarios es cuando no están limpios. Quiero decir, no cuando están llenos de rizados e irregulares pelillos, que eso es normal, sino cuando los bordes están “mojados”. Más de alguna vez, sobre todo en la uni, cosa que es peor aún, me he visto con la entrepierna mojada por culpa de esto. Y claro, tienes que volver a clase con la camiseta estirada para que no se te note tan ignominiosa humedad.
Aún así, esto es fácil de excusar, ya que guarda la forma pernil del parietal retrete. Así pues, peor es aún cuando estás en un váter de los de toda la vida y, cosas de la vida, tienes el prepucio rebelde y hasta que no echas el primer chorro no te das cuenta. Pero es demasiado tarde.
Y así, podría también hablar de cuando te estás cagando encima y no tienes más huevos que usar el váter público. Todo el mundo reniega de estas cosas, pero cuando la necesidad aprieta… (y nunca mejor dicho). Más de una vez he tenido que llegar corriendo y, mientras me iba desabrochando el pantalón, hacía los cálculos necesarios para tirarme hacia el váter y encestar. Una guarrada, pero en muchos casos no hay ni tiempo para poner papelitos. Eso sí, te arriesgas a levantarte de allí (también, de hecho, a no poder levantarte) con el culo lleno de verdina o incluso huevos de alguna especie desconocida hasta entonces.
Como se dice siempre: “Como en casa, en ningún sitio”.
Actualización 25/IX/2006: Veo en Pixel y Dixel un vídeo grandioso. Prácticamente la “película” sobre este “libro”.



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