Comiendo en la universidad 14 de Diciembre del 2006
Escrito por SodLogan en: Estudios, Gastronomía, Reflexiones , trackbackPara un pobre desgraciado como yo, que tiene que comer (al menos este cuatrimestre) cuatro días a la semana en la universidad, es común, supongo, ponerse a pensar sobre este tipo de asuntos, peregrino a los ojos de los profanos.
Lo normal es que la gente se lleve su tupper con la comida hecha de casa y la caliente en los microondas que hay para tal efecto en los pasillos, aunque la cola que hay en horas puntas es considerable. Yo soy lo suficientemente vago como para morir de inanición por no hacerme la tostada del desayuno, por lo que es obvio que ésta no es una opción que baraje. Mi madre tampoco está por la labor de hacerme la comida la noche anterior, así que a tirar de comedor-cafetería.

Sobra decir que no tenemos mantel, pero, al menos, y a falta de demostrar que la carne de cerdo es efectivamente de cerdo, tiene buena pinta e incluso se puede comer, como hago con fruición muchos días.
El problema principal es que siempre ponen la misma mierda comida en un rotante barbecho de bandejas en el autoservicio; a saber: “paella”, bacon, huevos fritos o tortilla, una remezcla espeluznante de verduras que nadie pide, varios tipos de carne y muchos platos impregnados de tomate como albóndigas con tomate, pasta con tomate, carne de cerdo/ternera/loquesea con tomate, etc. Pero, en fin, es lo que hay.
Yo suelo pedir el plato estrella, que consiste en bebida, pan y un plato con dos “ingredientes” y dos “guarniciones”. La paella es frecuente en mi plato, excepto cuando veo la bandeja vacía de mitad para delante, lo que quiere decir que ha sobrepasado el cero absoluto y que los granos de arroz están en disposición para esculpir un David.

El gualdo plato suele ser “mixto”, o al menos eso me dicen las camareras. Como supongo que esto no quiere decir que vaya con jamón york y queso, veo normal pensar que “mixto” se refiere a “con tropezones de carne y/o pescado/marisco y/o verdura”. Lo triste es que la verdura como los guisantes y la zanahoria abunda, la carne se hace de rogar y el pescado/marisco… bueno, nadie lo conoce.
Casualmente, hoy me dio por pedir como una de esas guarniciones a las que tenía derecho un platito de aliño. La verdad es que estaba bueno y todo. Lo que más me sorprendió fue la razonable cantidad de tropezones de palitos de cangrejo que llevaba y, más aún, una gamba. Así es, señores: encontré la gamba perdida de la UPO, allí en mi plato, nadando en un baño de aceite y vinagre. Desgraciadamente, además de la indiferencia que siento por el marisco, su forma de embrión humanoide me terminó de disuadir y allí se quedó, presa de los gatigres que rondan el campus.

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