Ley antibotellón, o de cómo volver al franquismo 17 de Diciembre del 2006
Escrito por SodLogan en: Casposidad, Política, Protestas, Reflexiones, Ver para creer , trackbackPara los que no estén enterados, hago saber que hace unas dos o tres semanas se impuso la famosa ley antibotellón en Sevilla. Multas de 300 eurazos por beber alcohol en la calle y las calles muertas a las 12 de la noche son los resultados.
Seamos serios, señores. A mí siempre me ha parecido mal que la gente salga a la calle, se harte de beber y de hacer el gilipollas, mear en las puertas del prójimo e ir gritando y cantando Goku calle arriba y abajo, para, finalmente, dejar la calle hecha un asco, llena de botellas, vasos y bolsas de hielo. Después van de hippies y verdes, pero ésa es otra historia.
Lo que no se puede hacer es montar unos dispositivos policiales represivos. A los policías solo les falta ir de gris e ir montados en una tanqueta de bolitas de goma. Algunas de las calles “conflictivas” están infestadas de policías y da incluso miedo pasar por allí, no te vayan a meter de ostias por estar bloqueando la highway.

La gente es muy dada a exagerar cuando se trata de “vulneración de sus derechos”, pero aquí estoy yo para comentar la situación de forma totalmente objetiva. La primera noche de entrada en vigor de la nueva ley seca se saldó con cinco heridos por brutalidad policial. Como en este país gustamos mucho de hacer las cosas a lo loco y sin pensar en las consecuencias, pusieron la ley antes de saber cómo afrontarla. En las posteriores semanas, parece que ya se ha normalizado un poco la cosa, aunque no se crean.
Si lo de los líquidos de los aviones era ya para liarse a ostias con los señores que decidieron tal cosa, el “control por el cumplimiento de la ley” es directamente irrisorio, surrealista y conspiranoico al máximo. Sin ir más lejos, estaba yo este viernes con unos amigos en un bar de la Alfalfa. Sobre las 3:00, penetró en el bar un denso aire de malrollismo, ya que, minutos antes, los señores agentes de la policía habían disuelto a un terrorista grupo que estaba haciendo cola para entrar a una pizzería que había allí al lado.
—Disculpen, tienen que irse de aquí.
—Estamos haciendo cola para entrar…
—A mí eso me da igual. Están reunidos en mitad de la calle. Disuélvanse.
Lo que decía antes: vuelta al franquismo. Se nos ha denegado el derecho de reunión y el de la libre transitación por la calle. Mis amigos y yo teníamos la coña de que “si sales con la cerveza en la mano, te aparece un puntito rojo en la frente”, aunque, desgraciadamente, poco falta para llegar a eso.

Ayer volví por la zona. Me metí en otro bar y a las dos ya empezaron a echarnos. No solo era aquel bar, sino todos los de la calle. ¿Qué mierda es ésta, toque de queda?
¿Era necesario llegar a esto, señores? ¿No era más fácil sacar a la policía de las oficinas para tener controladas las zonas con normalidad? Que uno se va a mear a la pared, “oye, ahí no se puede mear”. Que uno se va a sin recoger sus botellas, “oye, eso lo tienes que recoger antes de irte”. Que uno se empieza a meter de mojás con otro, un poco de intervención mesurada. Pero no esto, señores.
¿No era más fácil obligar a que los locales pusieran precios razonables a las bebidas? ¿Quién coño paga cinco pavos por un puto cubata con dos dedos de garrafón, si por lo mismo me puedo beber media botella de buen vodka?
¿Y lo del botellódromo? ¿Qué cojones es eso? ¿Se creen que somos caballos? ¿A quién se le ha ocurrido la gilipollez de poner un infecto “recinto” para meternos a todos allí? ¿Se creen inteligentes? Señores, NO vamos a ir al quinto carajo a hacer botellón por varias razones:
- Si bebes no conduzcas. Por tanto, tendría que coger mi báculo con la vieira para ir al botellódromo, cosa que no va a pasar.
- ¿Creen de verdad que no va a haber asaltacaminos? “Illo, surmano, dame el botellón o te rajo“.
- Si, por algún casual, alguien consigue llegar, ¿cuál creen que es el ambiente? No se puede mezclar en un sitio a todo tipo de gente. Sudacas, negros y homosexuales con skins, canis con pijos. Aquello va a ser una olla a presión que va a reventar, y como no estacionen al ejército allí y monten un hospital, aquello va a ser la Colina de la Hamburguesa.
Vamos a usar un poco la cabeza, por favor. No vayamos a lo fácil. Más de una vez he leído, visto u oído aquello de “el camino fácil es al final el peor”, aunque los señores políticos parece que no.

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Comentarios »
Aquí es que nos gusta pasar de un extremo al otro. Ocurre con esto, donde se intenta pasar de tener las calles plagadas de botellones a la más pulcra de las limpiezas, y pasa con otros temas, como el del feminismo y paridas varias y muchos más…
Un saludo
es muy a saco la ley esa, pero si las persona se comportasen como tales y no como animales ciegos de alcohol, recogiesen la mierda que han dejado y no armaran mucho jaleo…
El problema es que se ha pasado de un extremo a otro de forma radical y la gente no puede adaptarse a lo nuevo de buenas a primeras, y menos si es algo que va en contra de ellos.
eske tiene ke haber gente para todo U_u