El primer amor 19 de Diciembre del 2006
Escrito por SodLogan en: Casposidad, Reflexiones , trackbackSe estaba haciendo de rogar, pero finalmente me dispongo a hablar sobre el primer amor de mi infausta vida, al menos la amorosa/sexual. Seguro que todo el mundo ha tenido un primer amor, y casi seguro que ha sido no respondido. La infancia, la pubertad y la adolescencia nos castigan con imposibles amores platónicos. No hablo de la seño de lengua o de la panadera, sino de algo que, en cierta medida, podría ser incluso posible.

En mi caso fue una compañera de clase; llamémosla Violeta. Tenía yo por entonces, si las cuentas no me fallan, 15 años. Violeta tenía dos más que yo, es decir, 17. Con mi edad (tanto de entonces como de ahora), una cierva de 17 años era algo increíble, y más aquélla. Lo que más me llamaba la atención a mí era su culo, el más perfecto que he visto yo en la vida: encajaba en cualquier pantalón con fantásticos resultados y siempre era un placer verlo. De tetas también iba bien servida, aunque sin excesos; el tamaño justo y perfectamente colocadas. Era medio rubia y mona de cara, aunque tampoco era en este sentido una maravilla.
Por aquel entonces, un joven mançebo como yo no aspiraba a nada más que a aprobar la ESO y salir de aquel instituto inmundo infestado de pulgas, y menos con una pava como aquélla. A mí me bastaba con verla cada día en los recreos, en los cambios de clase… me saludaba con una leve sonrisa con cierta malicia (ya que pensaría que bien era tonto, bien tenía algún tipo de trastorno) mientras yo la saludaba a ella echando espuma por la boca y con un tembleque en las piernas por el que se preguntaría alguna vez si me iba a arrancar por bulerías.
Pero yo era feliz.
Lo más patético y casposo de todo era que, un día, me dio por empezar a escribir un Diario de batalla, donde me dediqué a escribir a diario (de verdad) lo que pasaba en relación para con ella. Había días, la mayoría, que consistían en algo así:
Hoy la vi en el recreo. Iba a comprarse el bocadillo. Me crucé con ella y me saludó con un movimiento de ojos y un “hola” flojito. Llevaba unos pantalones grises que le hacían un buen culo y una camiseta roja apretadita.
Cuando había un diálogo que iba más allá del “—Hola. —Hola.” o algo así era un jolgorio. Llegaba a mi casa súper excitado (palote no, aclaro) y el diario era una puta feria llena de letras de colorines tal que *amarillo chillón*¡¡¡¡¡DIÁLOGO #!!!!!*/amarillo chillón* donde # el número de diálogo que había sido. Transcribía la totalidad del diálogo, por muy vano que fuera, y lo leía con detenimiento días posteriores intentando sacar, infructuosamente, conclusiones para saber más sobre ella. No digamos ya cuando había un contacto físico. Lo que fue ya la ostia fue cuando me dio un beso. Yo no cabía en mí, y el diario sufrió aquello con un turbulento frenesí multicolor que a buen seguro hizo al archivo ganar una buena cantidad de kb.
Sobra decir que aquello nunca llegó a nada, aunque nuestra etérea relación duró tres años. Muy poco a poco fui perdiéndole el respeto y ya no me ponía chorreando de sudor si se daba un diálogo. Creo que fue por dejar de escribir el diario, que me estaba dejando tonto perdío.



Comentarios
No sabía que tu obsesión por “Violeta” llegara al extremo mencionado con lo del cuadernillo. Algún día deberías publicarlo xD
Un saludo
Desgraciadamente lo perdí. Incluso hice circular parte de él, pero también han muerto. Una auténtica pena
Por momentos, no sabía si estaba en Marqueze o en Casposidad.com… O_oU
Señor Yohein, el famoso Diario de Batalla fue una exquisita pieza literaria muy famosa en su día en el canal #zonadictos, desconozco por qué usted, siendo ex-usuario de dicho tugurio, no sabía de su existencia
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Saludos.