Crónica de un cotillón 4 de Enero del 2007
Escrito por SodLogan en: Casposidad , trackbackCuando uno entra en edad de pelo en huevo, tiene una nueva preocupación desde finales de noviembre: qué hacer en Nochevieja. Lo normal es bien quedarse en casa, un rato en el PC después de las uvas, paja y a la cama; bien salir de copeteo (eufemismo de vagar por la calle pasando frío y en casa a las tres, paja y a la cama); bien alquilar un local o una casucha con los colegas y cogerse allí el ciego padre con todo tipo de barbitúricos, setas, destilaciones, hierbas, psicotrópicos y compuestos de laboratorio; bien irse a un cotillón (a ver si folla y, si no, a la vuelta, paja y a la cama), como hice yo este año que acabamos de dejar o en el que acabamos de entrar, según se mire.
Aunque cuando me dijeron el plan yo no estaba muy convencido, no tuve más remedio que aceptarlo para evitar lo de quedareme en casa o lo del copeteo, ambas experiencias ya testeadas con decepcionantes resultados. Después de todo, con el aguinaldo que aún espero recibir, 53 euros no parecía tanto. Además, por ser cotillón y haber pagado esa burrada, se supone que vas con barra libre.

De cualquier forma, uno, por ser Nochevieja, piensa que hay que recibir el nuevo año y despedir el viejo a lo grande: borrachera y/o polvo; si encima has pagado la paga de un mes por una noche, hay que ir pensando en amortizar el gasto. Siempre habrá una forma de hacerlo seguro: beber como una perra y ponerse más ciego que una puta cuba para pasar a ser un juguete del destino. Si los hados están de humor, a lo mejor consigues hasta cazar una de las ciervas que pastan por allí.
He de decir que, por desgracia, no amorticé de forma alguna los 53 euros. De hecho, tras hacer cola para entrar cerca de una hora, un portero hijodeputa se jugó la vida negándome la entrada, aunque finalmente pudimos arreglar aquel pequeño malentendido, pues aquel hombre apreciaba sus piernas. No los amorticé, digo, porque ni me emborraché ni, por supuesto, me ligué a golfa alguna.
Sin embargo, en las grandes esperas en la barra para pedir mis cubatas de garrafón, servidos en infames vasos de plástico, hice varios amiguitos kíes y hasta una amiguita borracha que, por desgracia, no estaba de buen ver.
Y así pasé las cuatro o cinco horas que estuve allí: revoloteando, cubatas en manos, cada vez más desesperado por la discoteca en busca de alguna cierva contra la que tirarme en picado; pero, desgraciadamente, aquello parecía un cultivo de nabos y las únicas pavas que me perrearon fueron las que ya venían conmigo.
Moraleja: más vale puta en cama que golfas en discoteca.



Comentarios
Pues casi te hubiera salido mejor quedarte con el Messenger o con algún juego xD
¿Ni siquiera te sacaron en las noticias mostrando a los trasnochadores como hacen cada año? xD
Un saludo
La historia se repite… :-/
Saludos.