Impubertad, pubertad y adolescencia masculina 9 de Marzo del 2007
Escrito por SodLogan en: Reflexiones , trackbackCon motivo de una de las preguntas de la prueba del polígrafo, he estado pensando sobre varias cuestiones que, durante años, son de vital importancia para los futuros hombres. Voy a hablar desde mi experiencia particular, pero, sin duda, todo hombre pasa por todo esto, no se crean.
En primer lugar, están los primeros años de colegio. Allí hay muchos niños y niñas y, por algún motivo, algún espabiladillo dice que tiene novia y, encima, se jacta de ello. “Ah, pues yo también tengo”. Vas a la primera que ves y le preguntas que si quiere ser tu novia. Ahí la tienes; una década más tarde te das cuenta de que tenías que haberla disfrutado, porque después llega la sequía que ni en el Sáhara. Aquí empiezas la lucha por la vida, como diría Baroja, aunque, de momento, de forma calmada.
En lo sexual, todo empieza, supongo, a razón de la Iglesia, que, a día de hoy, aún nos aopia. Por su culpa, nuestros padres nos hacen creer que a los niños los trae una cigüeña o algo aún más inverosímil. Claro, después llegas un día al cole y, en el recreo, el macarrilla de la clase te cuenta que eso es mentira, que los niños se hacen cuando “tu padre le hinca la polla en el coño a tu madre” (sic); vuelves a casa horrorizado —”¡¡mis padres no hacen eso!!—, les preguntas a tus padres si esto es así y ellos, tratando de no descojonarse allí mismo, te cuentan una versión un poco más light, pero que podría considerarse científicamente correcta.

¡Así que no eran delfines!
En este momento abres los ojos: ¡Así que no era sólo para mear! ¡Por eso se ponía grande cuando te la manoseabas! Al año siguiente, viene otra vez el malote de la clase, preguntándote que si te haces pajas. Tú no sabes qué coño es eso, pero por supuesto que te haces; 10 ó 20 al día, de hecho. Al final, habituado a oírlo, te haces una idea más o menos acertada de lo que es una paja. Mientras estás en clase, en medio de la lección, fanfarroneas con el de al lado: “Me estoy haciendo una paja :D”. Lo peor es que el otro se lo cree.
Superado todo esto, empiezan las interesantes conversaciones:
—Illo, me han salido dos pelos en un huevo.
—Ji ome… a verlos.
Finalmente, llegas al instituto, sin saber muy bien aún lo que es una paja, pero tú te has hecho ya unos pares de miles a lo largo de tu vida. Ahora te vienen con que la prima de uno, que es una golfa, le ha hecho “una cubana” al sujeto. Meses más tarde, corre el rumor de que Fulanita la de la clase le ha comido la polla a Menganito el de la clase. A día de hoy, viendo cómo está el panorama, no me extrañaría que fuera verdad. Sin embargo, por aquellos años, ya algo docto en el mundo del sexo, nos reuníamos los amigotes: “Sí, hombre, ¿cómo le va a comer la polla? ¡Qué asco, illo!“.
Una buena noche que estás solo en casa, mientras zapeas aburrido, encuentras por accidente el Canal 47, ¡donde salen tías en tetas! Curioso por la nula costumbre, te quedas observando hasta que notas el apretón en el entreperno. Sigues observando e, imitando a las señoritas con sus acompañantes, empiezas a darle a la trócola. ¡¿Qué coño es esto?! ¡¡Me he corrido!! ¡¡DE VERDAD!! ¡¡¡ASÍ QUE ESTO ES UNA PAJA!!! Entusiasmado, vas a desfacer el entuerto que te has hecho en los calzoncillos y a acostarte. Pero claro, esto no lo puedes decir a los colegas, que llevas ya miles a tus espaldas.
Con todo esto del SIDA y el VIH, de vez en cuando hay campañas en el instituto “informando” a los alumnos y repartiendo condones. Allá que vas corriendo con tus colegas a hacer buen acopio de látex, que acaba inflado y con un nudo en una salida al parque.

Así a las buenas, vas pasando los meses feliz con tu pajote casual (a rachas diario) hasta que un colega, que llevaba unos años saliendo con una, viene alborotado diciéndote que se la ha follado. Eso, a partir de los 17 ó 18 años, no impacta (o al menos no demasiado), pero que con 15 años venga contándote tu colega de toda la vida, pajillero compulsivo como tú, que se ha tirado a una… eso es un notición. Es un salto cualitativo y cuantitativo en las miras de todo hombre, algo así como la falacia del “y tú más”: “Si él ya ha mojado el calamar, ¿por qué no yo? Ahora sí que me pongo las botas
:D
:D :D”.
Y, señores, así van pasando los años. 15, 16, 17… “¡Antes de los 18 mojo por mis huevos!” … 18, 19… y contando. Llegados a este punto, sólo queda echar mano de la artillería pesada.

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Comentarios »
Tómate una dosis de bromuro anda :-/ .
Saludos.
Tus posts cada día van a peor!!
Está aflorando una obsesión por ahí, no te ralles tanto (últimamente sólo posteas de lo mismo). Ya llegará…
A ver, lo último es simplemente un desenlace del nudo de la historia de esta fantástica columna
Y lo de que “últimamente sólo posteo de lo mismo” (que ya me lo ha dicho más de uno), atención a la descripción del blog:
De cómo un joven mancebo intenta hacer algo por la vida y cómo, sin éxito alguno, lo cuenta en un blog.
Saludos
Pues a mí la entrada me ha encantado =)
Mira que el mundo da vueltas, pero algunas cosas, pase el tiempo que pase, siguen siendo las mismas…
No sólo eso, sino que, además, es un cabrón irónico. Pero algún día alcanzaré mi venganza 8D
Buen relato, jajaja!