Fauna y flora del gimnasio 22 de Junio del 2007
Escrito por SodLogan en: Deporte,Reflexiones , trackbackEn casi dos meses de gimnasio, a razón de cinco días semanales, he ido observando a la gente que por allí pasa. Obviamente hay de todo, aunque a buen seguro habría aún más variedad si fuere por la tarde, ya que parece ser la hora preferida por la gente para ir. Comparando con el gimnasio al que fui el verano pasado durante un mes, me ha gustado la ausencia de kíes gilipollas y/o legionarios con hórridos tatuajes en sus bíceps toneleros alimentados a base de esteroides.

Como digo, hay allí gran variedad que ahora paso a enumerar. Me salto, por comunes y poco interesantes, a los chavales normales, fuertecitos y que van con camiseta de Pinturas Hermanos Garrido y calzonas azules. También evito hacer mayor mención a todos aquellos que aparecen los dos primeros días del mes y que no vuelven a ser vistos nunca más; ésos por los que los que vamos todos los días merecemos un premio. Empecemos pues.
Desde el primer día me llamó la atención un señor de unos 50-55 años, cabeza pequeña, pelo gris, bigote hitleriano y un ojo cagao, si no los dos. Imagínenselo ataviado con unas calzonas razonablemente cortas, dejando al descubierto sus pálidas piernas, del grosor de un taco de billar. De cintura para arriba lleva una camiseta sin mangas que deja al descubierto sus brazos no digamos informes, aunque sí algo raros, bastante musculosos, al igual que su pecho y espalda. Lo que más llama la atención de este señor no es lo ya descrito, sino su forma de hacer los ejercicios. Debió ser actor porno en su juventud, ya que consigue siempre que parezca que se está tirando a las máquinas como un conejillo hace con su coneja.
Otro usuario que me llamó la atención desde el principio es un chaval de mi edad. Creo que me alegro de que esté allí, ya que si no sería yo el paquetillo del gimnasio. Siempre que va lo veo haciendo ejercicios de pecho, tumbado con las pesas arriba y abajo. No puedo evitar fijarme en él, quizás por sevicia y gusto de verlo poner caras al levantar kilos con sus macilentos brazos, quizás por miedo a que se tire las pesas en lo alto y haya que extirpárselas de las costillas. Desde el primer día lleva la misma toalla roja que pone incondicionalmente en la máquina que se dispone a utilizar. Cuál fue mi sorpresa al ver el otro día que se fue a la parte de las mancuernas, cogió la barra redoblada, la avió con algunas pesas y puso una parte de su toalla roja cubriendo ambas manos y se lió a dar capotazos.

¡Quince kilos!
También va por allí otro tío que llamó mi atención. Imaginen al típico pureta de 35-40 años y pelito gris-gay que quiere cuidar su tipo. No es esto lo peculiar, sino su atuendo: una camiseta interior de tirantes bastante ajustada y unas calzonas de ciclista que, en un momento dado, podrían servir de torniquete, tal es la presión que ejercen. He visto a otros pavos con calzonas similares, aunque encima llevaban otras más holgadas. ¿Qué más me dará a mí que lleve una o dos calzonas?, se preguntará el lector menos despierto. Lo que me marcó realmente y el motivo principal de que esté reseñando a este señor no es otro que el fatídico día en que me puso el paquete en frente de los ojos y pude ver hasta el relieve que sus ensortijados pelillos formaban en el neopreno.
Merece la pena hablar también de otro pavo, o más bien de su ropa. Entra en el vestuario con polos rojos con banderita rojigualda en el borde del cuello y sale de él con camisetas translúcidas, calzonas Abibas y botines Ñike. Curioso contraste.
Y a modo de resumen, también me llama la atención un pavo que va allí a hablar por el móvil y mandar mensajitos, aunque entre medio levanta alguna pesa. Hace unos días vi por primera vez al típico pijo repelente con su flequillito tapándole los ojos, su collar de conchas y su indumentaria Nike al 100%, aunque la camiseta puede ser sustituida por una oficial de la selección española; hace cuatro cosillas y se marcha, exangüe, a su casa, a que su mamá le haga un buen cocido. También va alguna que otra tía a revolcarse obscenamente por las colchonetas y a hacer ejercicios de piernas en las máquinas en las que, a poco que te descuides, les ves el papo. Otra curiosidad son aquéllos que van allí exclusivamente para hacer ejercicios que podrían hacer perfectamente en su casa como abdominales, bici o flexiones.



Comentarios
¿PAPO? Eso es lo que vas tu a ver al gimnasio…
“Creo que me alegro de que esté allí, ya que si no sería yo el paquetillo del gimnasio”
Claro que sí, viva el egoismo!! jejeje
Pues si todo eso que cuentas te resulta peculiar, pásate por una piscina cubierta a las 8 de la tarde en los meses inmediatamente anteriores al veranito… pa morilse del susto de lo que se ve por aquellos lares…
Vaya campo de nabos y aire homosexual se respira en tu gimnasio y tu posterior descripción del mismo
Fitti, te equivocas. De hecho las mujeres que van suelen pasar de los 40 ¬¬
Turgut, la verdad es que no sabría decirte la de años que hace que no voy a una piscina. Con lo que me acabas de decir, creo que estaré un par de años más así
Golfa, eso creo que pasa en cualquier gimnasio que no sea exclusivamente femenino, así que a aguantar.
Las de 40 te pueden enseñar muchas cosas LOL
Las mujeres somos como el buen vino, mejoramos con los años…jajaja.
Los gimansios a diferencia de otros lugares en los que se hace deportes acaban conformando un ambiente como poco peculiar, si es que directamente es irrespirable.
Yo también terminé haciendo unas notas de lo que me he encontrado por allí:
http://blues-blues.blogspot.com/2007/05/la-fauna-de-los-gimnasios-tipologa.html
salu2
Fitti, eres un degenerado, aunque creo que en parte tienes razón xD
Una, las hay que sí, pero me temo que la mayoría a partir de los 30-35-40 años… madre mía :S
bLuEsMaN, seguro que es un tema muy comentado en blogs personales. Había por ahí una historieta realmente desternillante sobre el primer día de un pavo, aunque supongo que será fake.