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De lo ridículo e infame 21 de Julio del 2007

Escrito por SodLogan en: Casposidad, Internet, Política, Protestas, Reflexiones, Ver para creer , 3 comentarios

Ayer me uní al acto viral sobre la difusión de la portada censurada de El Jueves. Ciertamente, hay que ser muy tonto para querer quitar de circulación una portada secuestrando la revista para que la vea cuanta menos gente posible, ya que, como es obvio, se ha conseguido el efecto contrario: mientras que si se hubiera dejado correr el agua sólo se habrían enterado los habituales de la revista, con el secuestro se ha enterado toda España y medio mundo más a través de internet. Así pues, y siguiendo la lógica brillante que llevó a quitar la revista de circulación, ahora pretenden censurar a todas las páginas de internet que la publicaron. Primero querían romper “los moldes” de la portada, y ahora… ¿querrán quitarle las pilas a internet?

jueves-secuestrar-internet-pilas.gif

Perdonen la pésima redacción de la columna, pero ando liado. Si quieren más información, la encontrarán aquí, aquí, y en media blogosfera.

Portada de El Jueves secuestrada 20 de Julio del 2007

Escrito por SodLogan en: Casposidad, Frikadas, Política, Protestas, Ver para creer , 18 comentarios

Breve columna copia-pega:

El nuevo número de El Jueves muestra en su portada, todavía visible en la web de la revista, la caricatura de los Príncipes de Asturias en una postura sexual explícita que se considera “irreverente”.

Concretamente, la imagen muestra a los Príncipes haciendo la postura del “perrito” y junto a un texto con letras de gran tamaño en rojo que reza: “2.500 euros por niño”, haciendo alusión a la ayuda que el Gobierno concederá a los familias de los niños que nazcan a partir de ahora.

Y aquí la portada:

portada-secuestrada-jueves.jpg
El príncipe Felipe dándole estopa a doña Letizia

Sinceramente, creo que los chicos de El Jueves se han pasado un poco, aunque tampoco es para volver a los tiempos franquistas…

Visto primero en ALT1040 y después en media blogosfera e internet españoles en general.

Ya lo dijo Jules

Escrito por SodLogan en: Cine, Frikadas, Reflexiones , 1 solo comentario

He visto cantidad de mierda en la vida, pero esto…

—Jules Winnfield (Pulp Fiction, 1994), tras ser atacado por sangre y masa encefálica en abundancia

Cosas que no debiste hacer cuando eras niño 13 de Julio del 2007

Escrito por SodLogan en: Casposidad, Frikadas , 14 comentarios

La de hoy es una columna de gran frikismo —digno del mismísmo viruetey no menos bizarría (no ya sólo en el sentido erróneo con el que el 99% de la gente lo usa —el de raro, extravagante, etc.—, sino también por el valor y gallardía de que hay que disponer, además de poca vergüenza, para hacer públicas las siguientes fotos). Con todo el rollo de la mudanza, sale a la luz todo tipo de material clasificado y fosilizado.

Cuando uno ha vivido lo suficientemente poco como para creer que la pilila sólo sirve para mear, es común que cometa actos de los que después se arrepentirá el resto de su vida. Es como la típica escena de las películas americanas en las que la novia del chico va a su casa a conocer a sus suegros; la suegra, o madre del chico, la invitará a una limonada mientras contemplan el álbum de fotos de cuando el nene tenía cinco años y hacía gilipolleces delante de la cámara, para su mofa y escarnio. “Ojalá no lo hubiera hecho“.

Lo que voy a mostrar es un vestigio de este tipo de cosas que ya digo que, aunque caduquen, quedan para los restos en el ámbito familiar. Pasando al modo Padre de familia, es como aquella vez que, sin más ganas de comer, decidí que aquel palito de merluza no me lo comía por mis cojones. Sin embargo, las negativas de mis padres a mi proposición de “dejarlo” me hicieron usar el ingenio y esconderlo en un momento en que sus vistas convergían en un punto muerto. A la semana, el salón olía a hiena del desierto, lo que hizo que se acabara descubriendo el pastel. Esta anécdota aún sigue martilleando mis oídos en alguna comida/cena familiar/amistosa.

Pues bien. Cuando yo era chico (variedad dialectal de “cuando yo era pequeño” que se dice más al norte) tenía el cerril gusto de hacerme socio de todo tipo de casposos clubes, ya fuera para beneficios o simplemente por tener una tarjetita. Las fotos que, sin más preambulos, muestro a continuación son restos de esta caspa que me atacaba hace años:

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Carnet de La Banda del Sur, un casposo programa infantil del canal regional de Andalucía. Sin embargo, ofrecía suculentos descuentos y bonificaciones en sitios como Guadalpark.

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Carnet del Club Megatrix en sus comienzos. Calidad infame del material, aunque al menos te daban una fundita de plástico. La foto es pegada con pegamento a lo cutre. Al menos te mandaban gratuitamente la “revista Megatrix” que en los kioscos tenían la desfachatez de vender.

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Tarjeta del Club Nikko. Era el club de IMC, la marca de mi coche teledirigido. También te enviaban a casa catálogos con sus coches, revistas para tunearlos y cómics basados en historias de coches; desgraciadamente no los conservo.

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Carnet del Club Panini. El que no haya coleccionado cromos de esta marca que tire la primera piedra. Con este cacho de papel tenías derecho a pedir los cromos que te faltaban y a conseguir material en stock (el álbum de la Liga 91/92 cuando se jugaba la 94/95, etc.) a bajo precio. Yo no coleccionaba tales casposidades, sino los de los Power Rangers, Aladdin, Dragon Ball, etc.

P.D.: Muchachas, ahora mismo debo de tener unos 10 años más que en la foto.

Análisis de las mujeres por una mujer 10 de Julio del 2007

Escrito por SodLogan en: Casposidad, Golfas, Otros blogs, Protestas, Reflexiones, Ver para creer , 9 comentarios

Dejando a un lado la modestia, falaz virtud de la humanidad, he de decir que siempre me he considerado una persona observadora, con una buena capacidad de análisis y no peores capacidades empáticas y psicológicas en general. Gracias a estas dotes he ido escribiendo y divulgando ciertas teorías sobre las mujeres, debido a las cuales muchas veces se me ha calificado de resentido, machista, etc. A mí, plin.

Hoy leo en el blog de Bestiaria una columna que viene a demostrar que en ningún momento me equivoqué. Personalmente no me gusta esta mujer, ya que muchas de sus columnas desprenden feminazionalsocialismo por los cuatro costados, aunque no me sirven sino para aprender más sobre el “enemigo”. Ya lo dijo Sun Tzu en su famoso libro El arte de la guerra:

Por tanto os digo: Conoce a tu enemigo y conócete a ti mismo; en cien batallas, nunca saldrás derrotado. Si eres ignorante de tu enemigo pero te conoces a ti mismo, tus oportunidades de ganar o perder son las mismas. Si eres ignorante de tu enemigo y de ti mismo, puedes estar seguro de ser derrotado en cada batalla.

No sé si esta mujer es psicóloga o si sólo se ha limitado a traducir, pero si una mujer tira piedras contra su propio tejado debe ser porque es algo que no se puede ni se debe ocultar, así que tomo sus postulados por ciertos e irrefutables como los de Euclides.

Tenemos una compulsión enfermiza por depilarnos

Hace tiempo todos aceptamos que la depilación es un hábito bárbaro y machista que degrada a la mujer, y, sin embargo […] es la cera o la vida. […]

A pesar de nuestras amargas quejas, arrancarnos esos pelos es una forma de felicidad.

Nos encanta extraerlos uno por uno y verlos pegados a la cera como millones de hormigas atrapadas en la arena. […]

No puedo explicar por qué, pero despedirnos de ese vello que cosechamos en nuestro propio cuerpo, nos genera un doble sentimiento: la indignación de comulgar con un hábito tan salvaje, y la serena gratificación de quien realiza una artesanía.

Cualquiera que haya seguido mis columnas golferas sabrá encontrar las similitudes.

Tenemos una falla en el sistema racional

Es muy común que una mujer interrumpa una actividad de rutina para llorar desconsoladamente. A veces sólo basta un pequeño traspié (se quema la comida o se derrama la sal) para tener un acceso de pena. […]

A pesar de lo que cree la mayoría, este vicio tan irritante no es un síntoma de demencia, es una falla en el sentido común llamada golpe de estado emocional; un instante de trágico descuido en el que las emociones pisotean y derrocan a la razón tomando el control absoluto de todo el cuerpo.

El sistema dramático envía agudas descargas de indignación al cerebro, […] produciendo episodios de crisis emotiva y profuso llanto. El encéfalo […] redirige a la mujer a la manera de un escudo que rechaza toda argumentación racional o intento de postergar la disputa, recita extensos inventarios de suculentos reproches, estimula los lagrimales, y tiene violentos chispazos de ira demencial.

A mí esto me mata.

Las mujeres tenemos una matemática simbólica paralela. Mientras para el resto del mundo un número es un número, para nosotras son dos: el que decimos, y el que callamos. […]

Todas las mujeres pesamos 49 ó 59 kilos, y, si somos muy grandotas, 69, pero ninguna acusa 62 o 71. […] Menos aún puede saber un marido «cuanto costó la remerita», porque siempre, absolutamente siempre, «estaba de oferta». Por último, nadie puede confirmar la cantidad de amantes que tuvo su novia antes, porque hay muchos “que no cuentan” y otros que es mejor olvidar.

Regamos sus secretos por todos lados

Las mujeres tenemos un sentido de la privacidad muy difuso. Mientras los hombres apenas si le dicen a sus amigos que estan saliendo con una chica, nosotras vomitamos toda la información luego de la primera salida. […] Hablamos tanto, que destruimos el tabique de intimidad que separa a la una de la otra. […]

Si bien los hombres conocen esta debilidad, no se imaginan al grado de indiscreción al que podemos llegar. Ignoran que esa amiga que viene a casa tan seguido sabe absolutamente todo sobre ellos. Que conoce todos sus movimientos en la cama como si los hubiera espiado. […] Que los detesta porque nos dejaron plantadas o nos hicieron llorar, y que nos aconseja que los dejemos cada vez que le contamos la última estupidez que hicieron.

La última parte en negrita, sin duda, un apuñalamiento traidor, tanto al tío como a la tía. Además, este apartado me recuerda a aquello que yo mismo escribí:

Mientras que los hombres hablamos sin ningún tipo de pudor, motivo por el que recibimos sus críticas (cerdo, cabrón, guarro, etc.), ellas se callan las cositas… ¡o no! Porque después, cuando no hay tíos a la vista, son las primeras en decir de todo.

Quiero decir, por ejemplo, que si un tío habla de que la noche anterior se llevó al huerto a una, las mujeres presentes le dirán, con los hilos de baba rabiante en la boca, que es un fantasma, un payaso y un creído, y que esas cosas no se dicen a los demás, que forma parte de la intimidad de la “pareja” y que podría herir la sensibilidad de la hortelana. Pero después, cuando eso mismo lo hace una tía, es porque comparten sus experiencias con sus amigas.

Sigamos.

Cuando una mujer descubre que su marido la engaña lo primero que pregunta no es: “¿Por qué lo hiciste?”, sino “¿Quién es ella?”. No le interesan los motivos de la traición; lo que le importa saber es si la otra era más jóven o más linda, si era mejor en la cama, en dónde se conocieron y cuantas veces tuvieron sexo.

Cuando yo era más jóven, por ejemplo, terminaba todos los años durmiendo con mi ex novio. […] Durante un par de años pensé que estas idas y vueltas significaban que estabamos hechos el uno para el otro; pero mi reincidencia tenía muy poco que ver con el amor. Mi deseo no era recuperarlo. Mi objetivo era probar que yo era inolvidable. Competía con ella sin importar quien fuera; tenía que demostrarle al mundo que yo era la mejor de todas.

Las mujeres, a diferencia de lo que los hombres creen, estamos en constante conflicto con nuestro género. Ellos son, cuando mucho, personajes secundarios. Cuando vamos a un casamiento […] necesitamos llevar pareja para que el resto de las mujeres no puedan jugar la carta de: “yo tendré tres pibes y pareceré un colchón mal atado pero vos ni tenés marido”, y nostras podamos, en cambio, mostrar nuestro juego: “Mientras vos fregás pañales de rodillas yo tomo cocktails con sombrillitas y me burlo de tu panza”.

Idem, eadem, idem: “Y […] recuerdo su pasmosa habilidad para destriparse unas a las otras a las espaldas”.

Somos puro envoltorio

No es ningún secreto que las mismas mujeres que se ofenden por una grosería, en la intimidad son mucho menos remilgadas. […] [Los hombres] apenas sospechan el grado de impostación a la que podemos llegar.

Las mujeres que apenas comen en una cita, por ejemplo, llegan a su casa y se atoran con galleta rancia, desgarran un salame entero con los colmillos y apuran una lata de salsa de tomate de un trago. Aquellas que censuran a un hombre por limpiarse con el puño, son las mismas que pescan medibachas del canasto de la ropa sucia antes de ir a trabajar, eructan como un albañil descompuesto delante de las amigas y comparten con su gato un yogur a la mañana. Y también están las que se escandalizan cuando alguien les grita cochinadas por la calle, y luego escupen cuando nadie las mira, se lanzan como una araña sobre un taxi boy o gritan como tumberas depravadas en la cama.

“Entramos en una doble moral y en casposidades éticas“.

Vamos al baño juntas por necesidad (¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?)
[…] Es hora de que se sepa: cuando vamos al baño juntas no hablamos de ustedes ni nos manoseamos. Si vamos de a dos es porque nos llevaron a una fonda mugrienta en la que nuestra compañera tiene que sostenernos la puerta del baño o boxear contra otra mujer por el último cuadrito de papel higiénico. Mientras ustedes creen que “cuchicheamos” estamos combatiendo el cólera trepadas sobre una letrina y repeliendo murciélagos con la tapa del tacho de basura. […]

Ración de feminazismo falaz que no podía faltar en la columna de esta mujer. Yo he visto a mujeres ir de a dos (o de a tres o de a cuatro o de ad infinitum) para ir a mear a su propio cuarto de baño, así que esos argumentos no me valen. Y ojo, que no desapruebo del todo esta práctica, pues posiblemente sean restos de instintos antivioladores, pero que no se cuenten mentiras.

Como telépatas programadas nos enamoramos, sin premeditación, de un mismo hombre al mismo tiempo. […] En una época fue Brad Pitt, luego vino George Clooney, después Russell Crowe y hasta hace poco, Jude Law. Sin embargo, en este preciso momento, todas quieren a Adrien Brody y a Roger Federer.

A.K.A. borreguismo y/o poca personalidad. Pero me gustaría, ya para terminar, hacer una pequeña diferenciación que no hace la autora y que yo veo conveniente:

  1. El culo veo, culo quiero de la vida cotidiana.
  2. El borreguismo al que alude la autora y que expresaré de nuevo con una ecuación: pavo famoso + no es un orco con granos en los sobacos = vaya tío bueno

El segundo punto ya lo ha dejado claro la autora. Respecto al primero, manifestarme contra ese sentimiento, posiblemente también apuñalador entre ellas, de

  1. Fulanito no me mola
  2. Fulanito sale con Fulanita
  3. *momento de desconcierto*
  4. Fulanito me mola. ¿Por qué fui tan tonta? ¿Por qué no lo vi antes? :( :( :(

Der abschließende, bestimmte, definitive, endgültige, entscheidende Aufsatz.

Metal Gear Solid 2: Sons of Liberty: ¿pero esto qué es? 9 de Julio del 2007

Escrito por SodLogan en: Casposidad, Frikadas, Protestas, Reflexiones, Videojuegos , 13 comentarios

AVISO: Esta columna contiene spoilers sobre Metal Gear Solid y Metal Gear Solid 2. De cualquier forma, no entenderás la columna si no conoces mínimamente la saga.

Durante la última semana, mientras no tenía mucho que hacer, y con cinco años de retraso, me puse a jugar a Metal Gear Solid 2: Sons of Liberty. Antes de nada, he de decir que el primer juego de esta “saga”, Metal Gear Solid, me pareció una obra maestra, una perla de la PlayStation, un must have. Si bien hay que reconocer que tenía sus irrealismos (los muertos desaparecen, muy apropiado en un juego de infiltración y espionaje, entre otras cosas casi irrisorias como el ridículo campo de visión de los enemigos, que te permitía pasar por delante de ellos a cinco metros de distancia), el juego era y sigue siendo obra de culto, una revolución sólo por debajo de la que causó Spacewar! allá por el 61, cuando aún en España nuestros abuelos ahorraban para un flamante 600.

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Sin embargo, y como ya he dicho, he estado jugando y me he pasado la segunda parte, Sons of Liberty, y, resumiendo mi opinión: vaya puta mierda. Lo único que tiene es una jugabilidad mejorada, con más acciones interesantes como apuntar en primera persona, y, obviamente, unos gráficos mucho mejores. Lo demás es mierda pura todo.

Lo que más llama la atención es la ingente cantidad de tiempo que pierdes con animaciones y las famosas conversaciones por códec. Pongamos que el juego tiene diez horas; ocho son no jugables. Yo he comprado un juego, no una puta película. Esto ya pasaba en la primera parte, aunque en una medida muchísimo menor. Para más inri, la historia es una puta basura, así de simple. Me recordó mucho a las secuelas de Matrix, donde la metafísica absurda y sin sentido abruman al usuario hasta tal punto que, la mayoría, las personas sin criterio, hacen la siguiente ecuación, de forma errónea:

No me he enterado de un carajo + alguna frase profunda = peliculón (en este caso, juego)

Y aquí empezamos con los spoilers. ¿Qué coño es eso de que el brazo de Liquid posee a Ocelot? ¿Qué me estás contando, Kojima? ¿Qué cojones es eso de que toda la misión de Metal Gear Solid era un montaje para saber si Snake era el soldado perfecto? Si quieres hacer una puta mierda de historia, hazla, pero al menos no jodas la anterior (aclaración: no estoy seguro de si esto es así o es que la traducción es tan jodidamente mala que no se entiende una mierda). ¿De dónde te has sacado a Solidus? ¿No que de Les enfants terribles sólo sobrevivieron Solid y Liquid? ¿Qué hostias son las horas que me haces perder con las pasteladas y melosidades de Rosemary, la novia de Raiden? Que esto tendría que ser un juego serio, por dios.

Por otra parte, tengo que hablar de muchas cutredades en que incurre el juego:

Y al final hiede una ridícula moralina en varios sentidos: te llama Campbell (”¿no llevas mucho tiempo jugando?”), discursitos sobre amor y medio ambiente y comentarios sobre diferenciar la realidad del videojuego, con la excusa de la diferencia entre los entrenamientos en la Realidad Virtual y la misión real (que a ver si no se inventan más tarde que también fue un montaje para saber si Raiden es un calzonazos y Rosemary, la novia, una golfa).

Casi no escribiría esta columna si no fuera porque, sorprendido, he consultado las revistas online “más importantes” de videojuegos, donde se le da una puntuación que rara vez baja del 95%. ¿Dónde quedó el criterio? ¿La gente no sabe darse cuenta de cuándo lo están engañando a uno?