jump to navigation

Nightstalking barato 16 de Febrero del 2008

Escrito por SodLogan en: Casposidad, Golfas, Reflexiones , comentarios cerrados

Anoche, medio celebrando el fin de los exámenes, salí con mis amigos de siempre por ahí, a hacer nada en especial: un billar, una cerveza, unos chupitos y, finalmente, unos bailoteos en algún garito. De tal suerte transcurrió la noche hasta que llegamos al garito.

Uno de estos amigos es uno del que ya he hablado por aquí más de una vez. Es el típico chaval que les gusta a las tías: guapetón, rubio, con los ojos azules, poeta/músico/cantautor y con una labia nada despreciable.

Como digo, llegamos al garito más o menos (más menos que más) entonados, lo suficiente como para aguzar un poco más nuestra locuacidad. Entramos y, como aún era tempranito, nos sentamos a descansar mientras se llenaba aquello un poco. Al poco rato nos levantamos mi amigo y yo y nos pusimos a hacer el capullo bailar mientras oteábamos el panorama. Vimos a dos chavalas asequibles y empezamos a estudiarlas y a maquinar el plan de asalto. Nos miraban, lo que hizo que cogiéramos confianza. Al momento se fueron al servicio, “para ponerse guapas para nosotros”, por supuesto.

Salieron y mi amigo me dijo que “me tocaba”, que fuera a decirles algo. Le dije que, ya que eran dos, igual que nosotros, que fuéramos los dos, cosa que me pareció razonabilísima. Él, sin embargo, no estaba de acuerdo y me dijo que fuera yo sólo y que ya después aparecería él. No sabía qué decirles, pero por supuesto no iba a irles con los típicos “¿estudias o trabajas?” o el “¿venís mucho por aquí?”. Mientras perfilábamos el abordaje, llegaron dos buitres, hecho por el que mi amigo se puso nervioso y empezó a imprecarme: “sabía que se nos iban a adelantar, que siempre pasa lo mismo”. Le tranquilicé diciéndole que los tíos iban a durar bien poco, y así ocurrió: al minuto las tías ya estaban haciéndoles el vacío y, tras insistir un poco, acabaron por irse.

Enajenado por el pequeño revés, mi amigo fue directamente a hablar con las dos, mientras que yo me quedé allí en medio. Viendo que pasó cosa de un minuto y que mi amigo no hacía amago de presentarme a las tías, me volví a sentarme con los otros dos. “Ahora se va a quedar todo el rato hablando con las tías, todo el rato encima de ellas”, les dije. Sentados, vimos incluso cómo se hacían fotos los tres.

Al rato vino mi amigo a recogernos para que fuéramos donde estaban él y las tías, aprovechando que éstas habían ido a pedir algo de beber. Fuimos hacia allí, y tuvimos una pequeña charla:

—Lo hemos hecho mal: has venido a recogernos y ahora estamos aquí los cuatro como capullos esperando a dos tías, por lo que van a notar que estamos para ellas. Tenías que haberte sentado allí con nosotros y ya vendrían ellas a buscarte. Encima, les habrás entrado con la típica mierda del “¿venís mucho por aquí?”.

—Claro, y ahí está: es una mierda de entrada pero ahí he estado hablando un rato con ellas; infalibilidad demostrada cien por cien.

—Bueno, y les habrás pedido el messenger con la excusa de las fotos, ¿no?

—Qué va, tío, no se me ha ocurrido en el momento. Luego se lo pido.

—Muy bien. Ahora, cuando vengan, preséntanoslas para que no estemos los tres aquí como capullos.

Volvieron y siguieron hablando mi amigo y las dos pavas. Viendo nuevamente que no había perspectivas de presentación, les dije a los otros dos que volviéramos a sentarnos, que allí estábamos haciendo el capullo. “El nota está ofuscado con las tías y está todo el rato encima de ellas pasando de nosotros. Las tías lo van a notar y lo van a acabar mandando a la mierda. Si les dijera ‘bueno, me voy un rato con mis amigos, que los tengo ahí un poco abandonados’, sería un muy buen movimiento”, dije a mis amigos.

Al pasar un rato más, volvió mi amigo con grandes aspavientos y muecas. Después de haber estado hablando con ellas más de media hora y habiendo estado haciendo el capullo, les pidió una cosa tan banal como el messenger y se lo negaron. Tras este durísimo revés, mi amigo (ni nosotros tres) ya no tenía nada que hacer con aquellas dos, por lo que volvió con nosotros.

De vuelta a casa, enumeré la serie de errores en que había incurrido mi amigo y que habían sido causantes del rechazo final. Por orden cronológico:

  1. Haber entrado un solo tío a dos tías; mi plan original de ir los dos era aceptable, pero con la enajenación de ver cómo se nos adelantaron dos perdedores y casi las “perdemos”, fue él sólo sin encomendarse a nadie.
  2. Haberles entrado justo después de haber rechazado a no uno, sino dos tíos; en esos momentos las tías ven que tienen el poder de elegir, de decidir quién pasa su criba particular y a quién le conceden el dudoso honor de tener una conversación con ellas. En tales momentos tienen el ego por las nubes y entrarles es como cargar montado en un caballo contra una falange macedónica.
  3. Haberles entrado con algo tan escaso de originalidad y mediocre como el “¿venís mucho por aquí?”; ¿cuántos tíos antes que él le habrán entrado con la misma monserga? Muy posiblemente, los dos que le precedieron lo hicieron y acabaron como ya he contado. Si él no acabó así de forma instantánea fue por su cara bonita.
  4. Haber entablado conversación, olvidarse de nosotros y estar encima de las tías como si no hubiera nada ni nadie más; las tías le notaron la “desesperación” y que “él estaba para ellas”, por lo que el valor de mi amigo disminuyó a sus ojos. Si hubiera hecho lo que sugerí del “bueno, me voy con mis amigos, que los tengo un poco abandonados”, su valor habría subido como la espuma y habrían sido ellas las que hubieran ido a buscarlo a él.
  5. No habernos presentado; ¿acaso mi amigo tenía miedo de que alguno fuéramos a levantarle a alguna? Posiblemente no, pero eso es lo que pensaron las tías: un punto menos.
  6. Haberles pedido el messenger por las buenas cuando ya se iba a ir; las tías pensarían seguramente “¿Para qué, si ya tenemos el trofeo (las fotos con un tío rubio de ojos azules y una buena subidita de ego) y ya no nos vales?”.

Y éstos, amigos, son las conclusiones que saqué anoche de nuestro fracaso, aun cuando la batalla parecía ganada con “infalibilidad demostrada cien por cien”.

Reflexiones caesarianae

Escrito por SodLogan en: Reflexiones , comentarios cerrados

busto-julio-cesar.jpg

Los hombres, en general, creen de buen grado aquello que desean.

Referida a la facilidad de engañar a las personas con el cebo adecuado.

Por norma, los hombres se preocupan más de lo que no pueden ver que de lo que pueden.

Referida a la manía del hombre de preocuparse más por lo que no existe, o no hay constancia factible de que exista, que de lo que tienen delante de sus propios ojos: concretamente, la religión.

Cayo Julio César en su De Bello Gallico