jump to navigation

El ligón de negro 25 de Junio del 2008

Escrito por SodLogan en: Frikadas , 10 comentarios

La de hoy es una columna con poca chicha, o con bastante, dependiendo de la curiosidad del lector por mí. El sábado pasado me dirigía a una iglesia donde se iba a celebrar un concierto del coro de la universidad, en el que yo canto. Cantata BWV 147 de Bach y Gloria de Vivaldi, por si interesa a alguien.

Yo iba vestido para la ocasión: camisa, zapatos, corbata y traje. Como además hacía un sol del copón, iba con mis gafas de sol Ray-Ban adquiridas recientemente (no confundir con las de las noches legendarias). La citada iglesia se encuentra en una zona bastante céntrica de Sevilla, sitio ideal para todas las personas-lapa que intentan que apadrines un niño por la obvia afluencia masiva de gentes, con especial interés en guiris que no hablan español a los que es fácil engañar.

Al pasar al lado de uno de estos grupúsculos, compuesto por personas jóvenes vestidas de negro y pintadas de blanco, noté cómo, a pesar de haberlos dejado atrás en pro de mi arribada al concierto, dos de estas personas me igualaron en veloz paso, me dieron un panfletito y, sin apenas haber podido observar que eran dos chicas, se fueron entre risitas. Leí y releí el panfleto. No recuerdo de qué era, pero no encontré ni el teléfono ni el messenger de las muchachas.

Y ahora, el premio por haber leído esta sosez. Por primera vez, una foto mía, por si alguien la había estado esperando. Ésta es la pinta que tenía aquel día de implacable sol, vestido de Men in Black, o CQC:

(more…)

I noche legendaria 15 de Junio del 2008

Escrito por SodLogan en: Ver para creer , 5 comentarios

Ya está pasando la época de exámenes. Al menos a mí sólo me queda uno para el que ni tengo que estudiar, así que ya me considero de vacaciones. Sin embargo, para esto ha habido una angustiosa serie de días de exámenes y, por tanto, de copiar estudiar. Antes de que empezara esta horrible época, tuvimos a bien mis amigos y yo pasar una noche inolvidable: la I noche legendaria.

Acordamos el vestuario: camisa y gafas de aviador de las que dieron con el Diario de Sevilla unas semanas antes. Así atuendados, nos dirigimos a la famosa Rebotica. Una vez allí, empezamos a beber absenta y otra serie de chupitos de asquerosas mezclas y aún peor sabor. Cuando estas sustancias empezaron a hacer mella en nuestra razón, nos pusimos las gafas y comenzamos a conocer gente.

No se sabe por qué, pero todas las tías que se encontraban en el diminuto bar se acercaban a hablar con nosotros para hacerse fotos, algunas —mucho— más obscenas que otras. En esto que llegaron una serie de americanas, casi todas gordas y poco apetecibles. La única que estaba potable tuvo el siguiente diálogo con uno de mis amigos:

—Eres muy guapo… :D

—¿Tienes novio o qué?

—… :? sí… ése… :?

—A chuparla.

Yo le presté mis gafas a una de las rumiantes. Cuando me di cuenta de que habían desaparecido, empecé a interrogar a cada una de las gordas hasta que tuvimos que recurrir a la intimidación (toda ella en inglés) para recuperarlas:

You have to give back my sunglasses or we shall have a very big problem in here!!

Después de esto, decidimos irnos de allí. La más gorda de todas, por lo visto, le pidió el móvil al susodicho, a lo que éste, en un rápido acto de inteligencia, le dijo: “sí, ahora te lo da él”, pasándole el muerto a otro amigo. Se lo dio y nos fuimos a perrear un poco.

Por el camino hasta el infecto antro, mi amigo, en un momento de inspiración sin precedentes, le escribió el siguiente SMS a la gorda:

If you want a bukkake, tell us in 10 minutes.

Al poco tiempo obtuvimos respuesta, aunque ya no recuerdo exactamente cuál. Proseguimos hasta el antro y, una vez que entramos allí, reconocimos a una pava a la que en otra ocasión mi amigo “el ligón” ya había tratado de depredar. Yo estaba también rondando por allí y, a los pocos minutos, mis dos amigos se salieron fuera a tomar el aire debido a la indisposición que les produjo el alcohol. Yo permanecí allí y empecé a darle conversación a la chavala. Entre mi cogorza y la suya propia, mantuvimos una conversación que, a día de hoy, yo diría que no tenía sentido, aunque tampoco soy capaz de ponerla en pie. Llegado el momento, la tía se me quedó mirando fijamente a los ojos (o yo a ella), a lo que siguió el que no empezara el “juego” de ver quién mantiene más tiempo la mirada.

Aunque borracho, no pude ver más el cielo abierto. A cada segundo que pasaba iba acercándome más a su cara, mientras seguía la competición de ver quién aguantaba más. Viendo que la susodicha no apartaba la suya, cada vez me envalentonaba más. Cuando fuera a pasar lo que tenía que pasar, me tocó el hombre algún capullo que parecía estar en el grupito. No sé qué coño me diría, ni lo que yo a él, pero desde luego me cortó el rollo por su tono más que obviamente hostil. A mí en aquel momento ni se me ocurrió que podría ser el novio o algún buitre que estaba antes que yo y al que hábilmente le había quitado la presa. En cualquier caso, ya no proseguí con la impecable seducción y seguí hablando con la muchacha de forma menos ofensiva.

Al rato me llamaron al móvil mis amigos. No sé por qué ni cómo lo hizo, pero contestó al móvil esta mujer, haciéndose pasar por mí. Cuando terminó, me dijo que mis amigos querían que saliera, que uno estaba “to chungo”. Yo, con gran pesar, me despedí y me salí. Al momento salió también ella, ya que tenía las gafas del chungo. Fue honrada y quería devolverlas. A la luz de las farolas, mi otro amigo, viendo que la chavala tenía bastante provecho, y sin mediar más palabra, le hizo la siguiente pregunta:

Illa, ¿tú tienes messenger?

Obviamente le dijo que no. Nos despedimos y nos fuimos. Así acabó aquella noche. Pronto el desenlace de la historia del bukkake y la II noche legendaria, ocurrida este mismo viernes.

La cabeza siempre alta 14 de Junio del 2008

Escrito por SodLogan en: Literatura , escribe tu comentario

… y mientras los restantes animales miran al suelo, Prometeo le dio al hombre un rostro a lo alto, y le ordenó mirar al cielo y levantar su rostro erguido en dirección a las estrellas.

Publio Ovidio Nasón (Las metamorfosis)