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El efecto Axe 2 de Noviembre del 2008

Escrito por SodLogan en: Casposidad, Reflexiones , trackback

Hace cosa de un mes y medio, cuando las clases estaban a puntito de empezar, mi vida era algo monótona: sin obligaciones por haber aprobado todo en junio, vi que era verdad aquella máxima que dice que mientras menos haces, menos quieres hacer. Ni escribía por aquí ni por ningún otro sitio. Sólo hacía ejercicio físico: iba al gimnasio y, aparte, trabajaba el ancóneo en casa. Poco más.

Estar de vacaciones y quedarte día tras día metido en casa es algo bastante agobiante. Pero era lo que había, pues todos mis amigos estaban en plena época de recuperaciones y no salían, o lo hacían muy poco. Con la desesperación, desempolvé algunos contactos del messenger con la intención de tener algún motivo para salir de casa por la tarde-noche.

Un día, estuve tratando de convencer a una de mis ex compañeras de Traducción e Interpretación, con no demasiado éxito, pues aún le quedaban cosillas por hacer. Sin embargo, a los pocos días, me abrió una conversación en la que me sugería salir más o menos de marcha. La chavala estaba con un guiri acogido en su casa, hecho que sabía ya de antemano, pero que aclaro en este punto para evitar futuras suspicacias en los comentarios. Me autoinvité a cenar a su casa y, en vez de una botellita de vino como es protocolo, me presenté con dos litros de Cruzcampo bien fresquita.

Mientras preparabamos la cena, estuvimos hablando de cómo le fue la Erasmus y alguna otra cosilla. Llevábamos año y medio sin vernos y era normal preguntarnos sobre qué nos había acaecido en el susodicho periodo. Entre lo que me comentó, estaba el hecho de que el guiri que se encontraba en el salón mano sobre mano era un pavo que conoció allí y con el que hubo triki-triki, pero que ahora ella no quería nada con él, que se había autoinvitado —también— durante una semana a aquella casa.

Cenamos, nos bebimos la cerveza y, junto a otro amigo común, nos fuimos un rato por ahí. Como era de rigor, había que emborrachar a la gente, por lo que nos fuimos a beber chupitos. Una vez que acabamos con la etílica tarea, nos dirigimos a un antro para bailar y terminar de pasar la noche. El sitio, al que voy de vez en cuando, no está mal, aunque la música es un poco rara.

Malandar est omnis divisa in tres partes: la barra, la zona normal y la plataforma. Esta plataforma está elevada a medio metro del suelo y es bastante ochentera, pues tiene luces multicolor en el suelo. Es un buen sitio para el ligue, siempre y cuando vayas en un buen día y con la vergüenza ahogada en alcohol.

Es de conocimiento general que las mujeres sucumben más fácilmente a los efectos del alcohol, y ésta no era excepción alguna: tras unos minutos me agarró de la mano y me llevó a rastras hasta el escenario, donde no tuve más remedio que perrearla un poco. Pasado un tiempo prudencial, la dejé allí y me fui al servicio, para después volver donde dejamos al guiri y al otro. Cuando me junté con ellos, ya estaba allí la chiquilla, esperándome. Se repitió la escena: me cogió de la mano y me subió a la plataforma. Nuevamente tuve que perrearla, esta vez un poquito más.

En algunos momentos me sentía citius, altius, fortius, pues la chavala —siendo como son muchas, y más si están borrachas— me ponía constantemente a prueba yéndose a hablar con otros que había por allí cerca merodeando. En aquellos momentos, me iba a mear o, simplemente, me quedaba por allí, haciendo un rato el capullo hasta que se daba la reacción que esperaba: se me acercaba la pava y me decía: “sálvame”, por lo que volvía a cogerla y a hacerle cositas.

En una de las veces que conseguía huir de la plataforma, me encontré a otra ex compañera y me puse a hablar con ella. Es común que en las discotecas —o antros, como era el caso— la música esté algo alta y haya que hablar pegándose entre sí los interlocutores. En banal conversación me encontraba con la susodicha cuando, de repente, se para, se aleja unos centímetros, me mira y, con algo de vergüenza, empieza a decir:

Oye… Es una tontería lo que te voy a decir… pero hueles muy bien…

Pues al final va a ser verdad lo del efecto Axe, ya que aquel día iba estrenando desodorante. Hasta entonces usaba uno de Nivea, pero el día anterior, de casualidad, me compré el Axe Marine.

Por no repetirme, obviaré posteriores vueltas a la carga de la protagonista de la columna y algunos detalles nimiamente libidinosos que se dieron aquella noche. Sin embargo, y aunque podría haberlo hecho, no llegué a tener contacto bucal, ya que no me apetecía llenarme de babas para al final llegar a casa y hacerme tres moñas antes de acostarme.

Podría haberme arriesgado para tratar de conseguir la gran recompensa, pero con mi familia en mi casa y el guiri (con la polla tiesa como la mojama, por cierto) en la suya, no creo que hubiera dado lugar a aver juntamiento con fembra plazentera. Quizás en otra ocasión.

Comentarios

Gravatar 1. El Tabernero - 3 de Noviembre del 2008

Pues parece que funciona el desodorante este, jejeje.

Gravatar 2. LanderX - 3 de Noviembre del 2008

Si la susodicha en cuestión lee este post, me parece que no tendrás juntamiento con fembra plazentera.

Saludos!

Gravatar 3. Lucinda - 3 de Noviembre del 2008

Lo suscribo: Oler bien añade MUCHOS puntos a un hombre, al menos en mi caso. Las mujeres valoramos mucho esos detalles puntuales, y determinados perfumes nos vuelven locas.

Axe no sé, porque mi pareja no lo usa, pero hay perfumes de hombre que… tela… tela. (y ellos después del gimnasio, bufff….)

Gravatar 4. MadAmerican - 4 de Noviembre del 2008

Joder, con el Axe… yo uso el Axe Vice, a veces el Marine y el Click, pero nunca me ha dado tan buen resultado.
Será porque salir de marcha con el contador que regalaban (el del anuncio de Ben Affleck) anotándote un “click” cada vez que una tía te mira, les corta el rollo… who knows…
En tu caso, yo habría emborrachado al guiri hasta que se hubiese quedado dormido en la acera y me habría ido a casa de la chorba a rematar la faena.
Pero en cualquier caso, fue una buena noche, eso está claro.

Gravatar 5. Sopota - 4 de Noviembre del 2008

La clave en el ligoteo es echarle morro. No pienses en la recompensa, eso sólo te distraerá, simplemente échale todo el morro del mundo a cualquier cosa que hagas. A las tías les gusta el sexo tanto como a nosotros, si tiene ganas le dará exactamente igual quien haya en casa.

Gravatar 6. Indo - 5 de Noviembre del 2008

Maldito axe!!!
¿¿Y así somos las fembras?? ¿¿¿Como perras detrás de un rastro de olor???
Qué cosas pasan, oyes.

Gravatar 7. SodLogan - 12 de Noviembre del 2008

LanderX, tranquilo. No creo que vaya a darse esta casualidad, siendo cuatro los gatos que me leen…

Lucinda, lístame esas fragancias secretas, y a ver si algún día te puedo agradecer los resultados de tus sugerencias.

MadAmerican, no me creo que de verdad fueras por ahí con el contador ese xD Una cosa es ser algo extravagante para llamar la atención, y otra cosa es ésa.

Sopota, puede ser… Oportunidad desperdiciada, sí :(

Pues no sé, Indo. Las habrá que sí se dejen guiar más por el rastrillo de olor que otras… y ya si van borrachas y cachondas pues…

Gravatar 8. rosendo87 - 12 de Noviembre del 2008

dioos!!!q grandeee eres he descubierto hoy tu blog y q risaaaaaa!!

Gravatar 9. SodLogan - 12 de Noviembre del 2008

Bienvenido por aquí, rosendo. Me alegro de que te guste lo que hay y espero que vuelvas :)

Gravatar 10. LanderX - 13 de Noviembre del 2008

Yo mas que nada comento por miedo al búho guerrero que me amenaza cada vez que visito tu blog.

Si encuentras un desodorante OldSpice (color rojo en spray) las tendrás a todas comiendo de la mano.

Gravatar 11. MadAmerican - 14 de Noviembre del 2008

Pues créetelo, obviamente todo en plan muy de cachondeo, pero… entre mis colegas varios, el contador ya es un objeto legendario e imprescindible en las noches de farra…

Gravatar 12. 28801 - 31 de Diciembre del 2008

Si funcionase, no quedarian en las estanterias de las tiendas
:P

Gravatar 13. club de campo - 14 de Febrero del 2009

yo me sigo poniendo axe, pero no hay caso…