Nochevieja, las pastillas y el reloj 8 de Enero del 2009
Escrito por SodLogan en: Casposidad,Frikadas,Reflexiones , trackbackVa tocando escribir algo con sustancia. Como no podía ser de otra forma, se trata de la crónica de Nochevieja. Como la noche del año pasado fue bastante bien, y también por no tener ningún otro plan que lo superase en calidad/precio, decidimos ir a la fiesta que montaron los mismos chavales, este año en otro bar, sito más cerca aún de casa, aunque considerablemente más chico.
La anécdota principal de este año viene a raíz de que me echaron pastillas en la bebida, que es la única razón para explicar la moña atroz que me cogí; ésa o que, después del sexto cubata a la mitad de Jack Daniel’s, los pedía de dos en dos, literalmente. Hay personas que con el alcohol se vuelven violentas, otras que lloran por gilipolleces, y otras que se quedan hasta el final con uno de los primeros pasos de la borrachera, que, como todo el mundo sabe, es la exaltación de la amistad y las capacidades sociales.
Como digo, llegó un momento en el que mis necesidades sociales superaban a mi razón, por lo que me iba a dar, solo o acompañado, pequeñas vueltas por el local, saludando a conocidos, que a su vez me presentaban a más gente. Entre estos conocidos, había dos chavalitas de una de mis clases de la facultad: una de ellas me saludó al principio de la noche; la otra, que se parecía a Jennifer Connelly (dentro de los límites razonables), tenía un novio que era Chris Griffin con el pelo negro. En cuanto nos dimos cuenta de esto, mis amigos y yo nos hicimos un par de fotos con él. De este chaval, al día siguiente, supe que pringó su propia pota con la mano, que después se resfregó por la chaqueta.
Como en toda fiesta que se precie, hubo algún apagón y alguna que otra pelea. A la vuelta a mi grupito de amigos de una de mis escapadas, los que aún conservaban la vista, asustados, me preguntarón que qué me había pasado. Yo no sabía de qué me hablaban, hasta que me explicaron por encima la razón de su preocupación: una H sangrante en la frente, entre ceja y ceja. Es un misterio qué pudo pasar aquella noche, pero la cosa es que al día siguiente, éste fue el parte de lesiones:
- brecha en el entrecejo con forma de H
- heridas en dedos índice y corazón de la mano derecha
- moratón en el antebrazo derecho
- correa del reloj rota
Como digo, nadie de los interrogados —ni yo— sabe a qué puede deberse todo esto. Respecto al último punto, el del reloj, quiero contar una pequeña historia ocurrida ayer:
Dando por evidente que tenía que arreglar la correa del reloj, ayer, al volver de clase, pasé por una relojería. Al entrar vi unos escaparates muy resultones y un vespino rojo colgando del techo, muy vintage. En poco tiempo me hice una idea de qué clase de relojería era aquélla. Para rematar la faena, vi tras el mostrador a una muchacha de mi edad, algo mayor posiblemente, bastante mona, con los ojos claros (azul/gris) y con un piercing en el labio. Me acerqué al mostrador.
—¡Hola!
—¡Hola!
—Eh… ¿tenéis recambios?
—Recambios de qué… ¿de coches, camiones?
—Ah, perdona, creí que esto era una relojeríaNo; de relojes
—Pues… ¿qué quieres?
—Mira… las varillas estas de la correa que son las que siempre se salen…
—…
—… ¿Sabes lo que te digo? —pregunté, mientras me sacaba de la chaqueta el reloj
—A ver, enséñamelo…
—
—Ah, pues no sé… A ver, si tengo te lo doy
—Pues a ver si hay suerte![]()
Salió del mostrador y volvió al momento con una caja llena de varillas de distintos tamaños. Tras “probar” e intentar averiguar cuál podría servir, me dio tres de distintas medidas.
—Bueno, pues muchas gracias
¿Tienes un papelito?
—Aquí: toma.Apunté mi número de móvil y mi nombre arriba.
—Bueno, pues aquí tienes: ya te devolveré el favor
![]()
Acto seguido, salí de allí.
Esto último es lo que debería haber hecho, pero siempre, siempre, se me ocurren las ideas geniales justo cuando ya ha pasado el momento para llevarlas a cabo. Una lástima. Espero que al menos me/os sirva de inspiración para un futuro. Hasta entonces.



Comentarios
Conexión un poco débil entre las dos historias
Vaya fiesta, ¿no? recuerdas que no te acuerdas de nada xD
Pero tío, de verdad, de verdad que me estás preocupando. Entiendo que el día que entres en un taxi conducido por Farruquito en el que estén dándose el lote Pepe Navarro y Lina Morgan mientras Queen Latifah pega gritos desesperada pongas un post en plan “sucedió una noche”, pero esto es lamentable hasta límites insospechados.
Primero porque “resfregarnos” esto por los ojos sólo nos va a llevar a un estado de estupefacción absoluta, por estar leyendo en un blog que antes se preciaba de sus columnas mordaces una historia costumbrista con toques de misterio como salidos de Cuarto Mileno; segundo, porque esto no te interesa ni a ti, dado que era Chris Griffin el que esa noche se folló a Jennifer Connelly y no tú. Lo cual ya no es que roce el estupidismo, es que se tira de planchazo en la piscina de lo supino. Porque da mucha penita ver cómo has seguido las mil y un estrategias de cómo follar que imparte la Universidad Virtual a Distancia, pasando por el gimnasio para asemejarte a Sly y jugar con los hombretones sudorosos de las duchas, para que al final el que se folle a la Connelly sea un gordo mongolo mientras tú te encuentras con extrañas incisiones en forma de H, signo inequívoco de que algún ente maligno te ha practicado una trepanación radical, a juzgar por la natural manera en que lo cuentas, como si fueras un macaco que se rasca el culo.
Y es que encima te vas por las ramas para contarnos ¡la increíble historia de tu entrada en una relojería vintage! Vamos, deberías llamar a Terry Jones y preséntate para sustituir a su gran amigo finado como uno de los cerebros de los Monty Python. O eso o proceder a suicidarte, porque lo tuyo no lo arreglan ya ni Jung ni Freud juntos.
Lo más triste de todo no es que ahora te dediques a contar historias que ni siquiera te distinguen de entre la infecta masa de la blogosfera, lo cual es ser ya mediocre entre la mediocridad y pretender que los cuatro gatos que te visitamos nos partamos el ojo de las mil arrugas con tus sutilezas dignas de un chiste de Arévalo. Cuatro gatos que te visitamos unos porque no tienen nada mejor que hacer y otros porque aún tenemos esperanza en que dejes de hacer el memo y descargues el feto muerto que te ha debido germinar en el escroto, porque tu sinapsis está sufriendo un colapso y este blog está ya a la altura de algo alojado en el 20 Minutos. Lo más triste es que sean situaciones como esta las que conformen tu día a día. No sólo has convertido tu blog en un egocéntrico bocero de tus miserias, sino que te has convertido tú en un miserable sólo comparable a otro de los visitantes de este otrora referente del sarcasmo cínico en Internet, al que yo tanto admiro y que no es otro que el mono del armario del que se folla a la Connelly. Eso me hace pensar que quizá hasta ahora hayas jugado al maestro del despiste y en realidad unos pocos ingenuos hayamos pensado que eras lo que percibíamos, lo que ahora se nos revela como un espejismo en el erial de lo que ha quedado del gran papel de tu vida tras haber perdido los papeles del guión.
a ver, porque aquí hay dos historias a la vez. primero, no sé cuanto se parecería la tía esa a la Conelly, ni cuanto se parecería su novio a peter, pero yo tenía un amigo que decía que cuanto más buena estaba una tía, más despreciable y repugnante era su novio. lo cierto es que no sé muy bien cómo tomarme eso, pero suele ser cierto. también influye el alcohol y las ganas de follarte a la chica en cuestión. esto es directamente proporcional a lo miserable que verás al novio. y parece que alcohol hubo bastante… tanto que la memoria quedó diluída y turbia.
cosa dos respecto al reloj. esas cosas sólo funcionan en las pelis. ¿crees que por hacer el número del papelito y apuntar tu número te va a llamar? “pues no, pero habría quedado como un grande”, puedes pensar. a las mujeres esas cosas nos hacen gracia / nos asustan dependiendo de la situación. aunque si no te cobró por las varillas, al menos podrías haberla invitado a un café. en fin…
Lo de la tía buena-novio asqueroso lo llamaba un colega mío “La Teoría Mortadelo”. Según dicha teoría, las tías buenas siempre van acompañadas por tíos feos, calvos y con gafas…
Realmente este post me ha dejado en conflicto… me he reido mucho más con las extraordinarias metáforas y descripciones de lemon, sólo por eso ha merecido la pena leer todo lo demás…
Lo de la H sangrante y demás lesiones me huele a bronca etílica… lo de que siempre se te ocurran las frases legendarias cuando ya es demasiado tarde nos ha pasado a todos…
Un placer leerte de nuevo, en cualquier caso. Tras tanto tiempo pensaba que nos habías abandonado…
Es lo que nos suele pasar a todos en Nochevieja. Vamos recuperando la memoria de lo que pasó poco a poco, y siempre quedan lagunas sin resolver. Y, como no podía ser menos, acabamos echando la culpa del estado en que terminamos al whisky (a la calidad, no a la cantidad, que “seguro que era garrafón”) o a las gambas de la cena (que hay que tener cuidado con el marisco, que es muy peligroso).