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La injusticia de Stallone 1 de Diciembre del 2008

Escrito por SodLogan en: Casposidad, Cine, Deporte, Protestas, Reflexiones , comentarios cerrados

Por alguna aciaga razón, no fue hasta hace unos meses que le pegué un buen visionado a la saga de Rocky, así como a la de Rambo. Alguno pensará que no tuve infancia, pero, simplemente, por aquellos momentos me iban más las pelis Disney. Con sus más y sus menos, me parecieron ambas unas sagas admirables. Rocky mucho más que Rambo, por supuesto.

A partir de este momento, sentí algún tipo de admiración casi homosexual por Sly, por lo que empecé a adquirir gran parte de su filmografía. A menudo encontraba críticas, en su mayor parte destructivas, de dichas películas, en muchas ocasiones por el simple hecho de estar protagonizadas por Stallone.

Es algún tipo de cliché cinéfilo: si sale Stallone, no puede ser buena. Aun a pesar de que no me tengo por entendido en la materia, considero que tengo el suficiente criterio como para saber cuándo una película es buena o mala, o, más concretamente, cuándo me ha gustado o me ha aburrido (no mencionaré aquí la casposa sentencia de los colores).

Ya he comentado que me importan un cojón de mico las exquisiteces técnicas si al final la película me aburre. Que esté hecha con muñecos de felpa pegados a un palo, pero que la película sea divertida, cojones. El otro día vi Deseando amar, una película que, pese a su más o menos breve duración y su “exquisita fotografía” y “magistral banda sonora” (un tema que sale en un anuncio de coches repetido hasta la saciedad y algún merengue —apropiadísimo en una película de chinos—), me aburrió soberanamente, y eso que los cinéfilos “de verdad” la tienen en alta estima. En cambio, me ponen una película ochentera de Sly, casposísima como ella sola, y soy el hombre más feliz de Sevilla.

Y es que esto es algo que Stallone “siempre” consigue: puede que su calidad como actor no sea demasiado alta (nuevo cliché, pues a mí no me parece que destaque por mal actor), pero al tío le dan unos guantes o una pistola y te lía la de Cristo.

Dejando ya a un lado estas cuestiones clicheicas, pues se pueden leer en cualquier foro o blog de cine, me centraré en el porqué de mi admiración por este hombre: Sylvester Stallone, Sly para los amigos.

Lo primero que llama la atención cuando ves una de sus películas setenteras —más bien ochenteras e incluso noventeras— es que el tío está “petao”. Abdominales —con sus respectivos oblicuos y serratos— de chuloplaya y dos sandías por hombros son lo primero que se me viene a la mente. En mi opinión de culturista aficionado —ríanse en los comentarios si les place—, es un físico imponente a la par que proporcionado, sin llegar a los límites ya antiestéticos de Schwarzenegger en sus tiempos.

Por supuesto las opiniones se dividen: ¿es todo de verdad o el tío se ha chutado? Independientemente de las hormonas de crecimiento humano que haya consumido, ha sido su tesón, y no la química, el que ha llevado a Stallone a tener semejante físico. A ver quién llega a los 60 tacos con la forma física de Sly, tal y como pudimos verlo en Rocky Balboa, por mucha mierda que se meta en el cuerpo.

Stallone con 60 años

En segundo lugar, creo que Stallone es una persona admirable porque ha llegado a lo que es con su esfuerzo e inteligencia, y es así como salió de la mierda para llegar a ser un mito del cine. Fue la primera Rocky la que lo lanzó a la —merecida— fama, y es curioso porque me parece una analogía, o incluso una metáfora, totalmente apropiada. Rocky es Stallone. Stallone es Rocky.

Rocky era un mierda. Un inmigrante más en América. Con una edad suficiente como para haber sentado la cabeza, malvive siendo el matón de un mafiosillo de poca monta, mientras gana algunos pavos extra con su gran hobby, el boxeo. Siendo consciente de que no es un hombre demasiado inteligente, no puede más que ganarse la vida con su físico. Por un simple golpe de suerte, se le ofrece combatir contra el gran campeón de los pesos pesados por el título: puro marketing, sueño americano, carne de cañón. Su vida se decidirá por una no demasiado buena estadística: una oportunidad entre un millón.

Gracias a su fuerza de voluntad y perseverancia, consigue superar los límites que le habían sido establecidos y rompe las escasas expectativas que se pusieron en él. No consigue ganar el título, pero aguanta la paliza que el campeón le da durante 15 asaltos: “No importa lo fuerte que golpeas, sino lo fuerte que pueden golpearte y lo aguantas mientras avanzas. Hay que soportar sin dejar de avanzar. ¡Así es como se gana!“. Y es así como consigue su oportunidad de salir de su vida de mierda, aferrándose a esa oportunidad perdida entre el millón.

Sly, que sepas que aquí te queremos.

Fauna y flora del gimnasio 22 de Junio del 2007

Escrito por SodLogan en: Deporte, Reflexiones , comentarios cerrados

En casi dos meses de gimnasio, a razón de cinco días semanales, he ido observando a la gente que por allí pasa. Obviamente hay de todo, aunque a buen seguro habría aún más variedad si fuere por la tarde, ya que parece ser la hora preferida por la gente para ir. Comparando con el gimnasio al que fui el verano pasado durante un mes, me ha gustado la ausencia de kíes gilipollas y/o legionarios con hórridos tatuajes en sus bíceps toneleros alimentados a base de esteroides.

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Como digo, hay allí gran variedad que ahora paso a enumerar. Me salto, por comunes y poco interesantes, a los chavales normales, fuertecitos y que van con camiseta de Pinturas Hermanos Garrido y calzonas azules. También evito hacer mayor mención a todos aquellos que aparecen los dos primeros días del mes y que no vuelven a ser vistos nunca más; ésos por los que los que vamos todos los días merecemos un premio. Empecemos pues.

Desde el primer día me llamó la atención un señor de unos 50-55 años, cabeza pequeña, pelo gris, bigote hitleriano y un ojo cagao, si no los dos. Imagínenselo ataviado con unas calzonas razonablemente cortas, dejando al descubierto sus pálidas piernas, del grosor de un taco de billar. De cintura para arriba lleva una camiseta sin mangas que deja al descubierto sus brazos no digamos informes, aunque sí algo raros, bastante musculosos, al igual que su pecho y espalda. Lo que más llama la atención de este señor no es lo ya descrito, sino su forma de hacer los ejercicios. Debió ser actor porno en su juventud, ya que consigue siempre que parezca que se está tirando a las máquinas como un conejillo hace con su coneja.

Otro usuario que me llamó la atención desde el principio es un chaval de mi edad. Creo que me alegro de que esté allí, ya que si no sería yo el paquetillo del gimnasio. Siempre que va lo veo haciendo ejercicios de pecho, tumbado con las pesas arriba y abajo. No puedo evitar fijarme en él, quizás por sevicia y gusto de verlo poner caras al levantar kilos con sus macilentos brazos, quizás por miedo a que se tire las pesas en lo alto y haya que extirpárselas de las costillas. Desde el primer día lleva la misma toalla roja que pone incondicionalmente en la máquina que se dispone a utilizar. Cuál fue mi sorpresa al ver el otro día que se fue a la parte de las mancuernas, cogió la barra redoblada, la avió con algunas pesas y puso una parte de su toalla roja cubriendo ambas manos y se lió a dar capotazos.

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¡Quince kilos!

También va por allí otro tío que llamó mi atención. Imaginen al típico pureta de 35-40 años y pelito gris-gay que quiere cuidar su tipo. No es esto lo peculiar, sino su atuendo: una camiseta interior de tirantes bastante ajustada y unas calzonas de ciclista que, en un momento dado, podrían servir de torniquete, tal es la presión que ejercen. He visto a otros pavos con calzonas similares, aunque encima llevaban otras más holgadas. ¿Qué más me dará a mí que lleve una o dos calzonas?, se preguntará el lector menos despierto. Lo que me marcó realmente y el motivo principal de que esté reseñando a este señor no es otro que el fatídico día en que me puso el paquete en frente de los ojos y pude ver hasta el relieve que sus ensortijados pelillos formaban en el neopreno.

Merece la pena hablar también de otro pavo, o más bien de su ropa. Entra en el vestuario con polos rojos con banderita rojigualda en el borde del cuello y sale de él con camisetas translúcidas, calzonas Abibas y botines Ñike. Curioso contraste.

Y a modo de resumen, también me llama la atención un pavo que va allí a hablar por el móvil y mandar mensajitos, aunque entre medio levanta alguna pesa. Hace unos días vi por primera vez al típico pijo repelente con su flequillito tapándole los ojos, su collar de conchas y su indumentaria Nike al 100%, aunque la camiseta puede ser sustituida por una oficial de la selección española; hace cuatro cosillas y se marcha, exangüe, a su casa, a que su mamá le haga un buen cocido. También va alguna que otra tía a revolcarse obscenamente por las colchonetas y a hacer ejercicios de piernas en las máquinas en las que, a poco que te descuides, les ves el papo. Otra curiosidad son aquéllos que van allí exclusivamente para hacer ejercicios que podrían hacer perfectamente en su casa como abdominales, bici o flexiones.

El gimnasio 16 de Mayo del 2007

Escrito por SodLogan en: Deporte, Reflexiones , comentarios cerrados

Tras dejar el Telepizza, acudí raudo al siguiente día laborable al gimnasio que hay a dos minutos de mi casa. Creo que originalmente era una piscina, pero, como pasa con los negocios que prosperan, fue ampliándose y ahora también hay una sala de musculación. Yo nunca he sido muy amigo de las piscinas, así que mi idea era apuntarme a la sala de musculación a ponerme cachas. Ya el verano fui a otro y, en un mes de calendario, conseguí tridimensionar mi pecho, hasta entonces similar al de una cría de 10 años. Me merecí un aplauso por ser el que pagó el gimnasio y, además, fue.

Necesitaba fijarme una “rutina” básica, consistente en levantarme a las 10:00, desayunar y, a las 11:30, ir al gimnasio. Esto había de cumplirse a rajatabla y, de momento, así está siendo. Así pues, llegué al gimnasio con el dinero en el bolsillo. Me acerqué a la ventanilla y una cincuentona me atendió:

—Para apuntarme a la sala de musculación…
—¿Qué días? ¿Por la tarde o por la mañana?
—De lunes a viernes. Por la mañana.
—DNI y foto.
—Ah, pues no tengo foto… voy a mi casa a mirar si tengo.

Rebusqué y lo único que tenía eran fotos que usaron mis padres cuando me inscribieron en primaria. Así pues, aquel día ya no era posible seguir la rutina, por lo que lo di por perdido. Por la tarde fui en busca de algún sitio donde me hicieran fotos, pero no encontré nada en 100 metros a la redonda, así que a la mañana siguiente me fui a Triana y, allí, otra cincuentona-sesentona me tomó la fotografía: seis fotos a 4€.

Me dirigí de nuevo al gimnasio y esta vez tuve total éxito en la inscripción. Por entonces era ya jueves, así que mi plan era hacer un poco de todo jueves y viernes, descansar las agujetas durante el fin de semana y a partir del siguiente lunes hacer lo siguiente: lunes, pecho; martes, espalda; miércoles, piernas; jueves, hombros; viernes, brazos. Además, todos los días abdominales.

Subí a la sala de musculación y me puse a hacer un poquito en cada máquina. Cuando llegué a casa, antes si quiera de meterme en la ducha, ya sentía las atroces agujetas que devoraban mi cuerpo en general y mi pecho y brazos en particular. Lo digo en serio: en estas situaciones, enjabonarse los sobacos puede ser una auténtica odisea de dolor; tanto que, imagínense, eché de menos las pajas durante una semana, así que no me quedaba otra que mear en la ducha, el más placentero de los actos que puedes realizar sin colaboración, sólo superado por las pajas.

Ya voy a por la segunda semana completa y ya estoy curado de agujetas. Todo va según lo estipulado y de aquí a un par de meses me conocerán como pectorales y abdominales de acero. Claro que, antes, debería eliminar el centímetro de grasa cervecera que protege mis músculos abdominales, por lo que igual salgo a correr los fines de semana, aprovechando que no hay gimnasio. Ya ven: poco a poco me hago un hombre de bien.

Son los colores 24 de Julio del 2006

Escrito por SodLogan en: Casposidad, Deporte, Reflexiones , comentarios cerrados

Una vez pasada la fiebre del mundial, me animo a escribir nuevamente sobre el fútbol. Como ya sabrán muchos de los lectores, mi interés por el deporte en general es prácticamente nulo, no digamos ya el que despierta en mí el deporte rey (para matar al que empleó por primera vez semejante cursilada).

Siempre me ha parecido muy curioso hablar sobre los equipos con gente aficionada a este deporte. Si analizamos bien sus palabras, nos daremos cuenta de que hablan de una forma cuasi sectaria. Les encanta echar en cara cosas a los seguidores del equipo rival y defienden a ultranza al suyo. Lo mejor es cuando hablan en primera persona.

Vaya paliza que os metimos ayer

A mí esto es que me mata, la verdad.

Lo más curioso de todo es aquello de “Yo soy del $equipo”. ¿Por qué? ¿Qué mueve a una persona a decidir “ser” de un equipo u otro? Vale, quizás su ciudad natal. Pero aquí vuelve el conflicto: en mi caso es ¿Betis o Sevilla? La respuesta es fácil: para los más cazurros, del que sea el padre o en su defecto venga siendo la familia generación tras generación; para los más radicalillos, precisamente lo contrario.

Pero lo peor de todo es cuando, por ejemplo, eres de un pueblo infestado de pulgas y entonces, por supuesto, eres del Madrid o del Barça. Yo no soy chaquetero, oiga.

Más curioso es aún que, cuando empiezas a “ser” de un equipo, la plantilla del equipo es una, pero 10 años después no queda ni un solo jugador de la plantilla “inicial” y, aún así, sigues “siendo” de ese equipo: es que son los colores.

Como siempre… 28 de Junio del 2006

Escrito por SodLogan en: Deporte, Frikadas, Televisión , comentarios cerrados

Me valgo de esta tópica expresión, hasta la saciedad usada por los españoles mundial tras mundial, para ofreceros una imagen que resume el nefasto partido de ayer.

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Solo faltó que nos hubieran metido 5

Por cierto, que es de elogiar la premonición de Forges. No he podido ver ninguna portada, pero, por el momento, leo lo siguiente en ABC.es:

Francia trunca el sueño español

20minutos.es, por su parte, se hace eco de la declaración de Salgado:

La afición se merece todo, la pena es que no podemos corresponderles

¡A por ellos! 25 de Junio del 2006

Escrito por SodLogan en: Casposidad, Deporte, Reflexiones , comentarios cerrados

No, no he perdido la razón y cedido a la memez futbolera. Solo trato de reírme del ridículo… ¿himno? que vociferan todos los memos seguidores españoles que salen en la tele que han ido a Alemania “para mostrar su apoyo a la selección” que, por cierto, se aloja en los mejores hoteles teutones con el dinero ganado con nuestro sudor. Y es que mi amigo yokohama, fiel seguidor del periódico elPaís, me ha pasado una viñeta premonitoria de Forges:

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Más razón que un santo

Y es que parece mentira que, ya en el siglo XXI, la gente siga comportándose como chimpancés mientras contemplan cómo 22 ricachones, dueños de alguna que otra multinacional, futbolistas tratan de marcar gol. Gritos, saltos, blasfemias y manifestaciones violentas de toda índole.

Después, si perdemos, es porque “el árbitro estaba comprado, pero, aún así, la tenemos así de gorda”. Los jugadores, que tienen que quedar bien ante las cámaras, optarán por topicazos como que “el rival estaba más preparado”, “esta vez no ha podido ser”, “lo importante es estar ahí” y, por supuestísimo, “el fútbol es así“.

En fin, señores, dejen de perder su tiempo viendo los partidos de la selección y asuman que, en el mejor de los casos, nos eliminarán en los cuartos.