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La cerveza 16 de Abril del 2008

Escrito por SodLogan en: Frikadas, Reflexiones, Ver para creer , comentarios cerrados

En el tuenti me encontré el otro día esta viñeta (en inglés) que me he permitido traducir. Es igualmente simplona, pero a mí me arrancó una sonrisa.

Más en explosm.net

Y de paso, un chiste que también me ha gustado y que he encontrado mientras buscaba una imagen un poco más “masterizada” sobre la que trabajar. Traducción un pelín libre:

El momento en el que deberías dejar de beber

Un hombre que había estado en un bar bebiendo durante horas le comentó al camarero que su novia estaba esperándole en el coche. El camarero, preocupado porque hacía mucho frío en la calle, fue al coche a ver cómo se encontraba la novia.

Cuando miró dentro, vio a Pepe, el amigo del borracho, tirándose a su novia en el asiento de atrás. El camarero agitó la cabeza y volvió al bar. Allí, le dijo al borracho que sería buena idea que fuera a ver cómo se encontraba su novia.

El borracho se arrastró hasta el coche y vio a su novia y a Pepe retozando. Volvió al bar mientras se reía.

—¿Qué te hace tanta gracia? —preguntó el camarero.

—Ese capullo de Pepe… —dijo el borracho riéndose entre dientes— ¡Está tan borracho que se cree que es yo!

Pasar de ser un perdedor a un triunfador 23 de Marzo del 2008

Escrito por SodLogan en: Frikadas, Televisión , comentarios cerrados

Como sé que por aquí hay seguidores del indómito Barney, he decidido hacer un pequeño reportaje fotográfico de cómo pasar de ser un perdedor a un triunfador según este grandísimo personaje:

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Un perdedor cualquiera, decepcionado

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La iluminación: el camino a seguir

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Fuera pelucas

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Fuera barbitas hippies

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Pantalones, cinturón

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Zapatos

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Un buen peluco

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Una corbata

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Una camisa, un chaleco y una chaqueta

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¡Ya tenemos a nuestro triunfador!

La fiesta y la gorda 3 de Marzo del 2008

Escrito por SodLogan en: Casposidad, Frikadas, Reflexiones , comentarios cerrados

En el último par de meses, he tenido la suerte, por así llamarla, de estar invitado, por así decirlo, a tres fiestas de erasmus hembras en sus respectivas casas de alquiler. La última a la que fui fue este viernes, en la que las anfitrionas eran tres escocesas de muy, bastante y razonable buen ver, respectivamente.

Si hay algo que me gusta en especial de las fiestas de erasmus es que siempre son bajo techo, con comida gratis y con un número nada despreciable de jabatas borrachas y/o receptivas, amén de fácilmente “manipulables” por su estado de embriaguez y por las diferencias del idioma: “En España, si yo te invito a un cubata tú me tienes que dar tu número”. Se me acaba de ocurrir, pero sin duda es una frase que no dudaré en utilizar en la próxima ocasión y que expresa claramente lo que quiero decir.

Transcurría la noche bebiendo y conociendo a guiris, a algunos (los menos) con más interés que a otros. En una de mis escapadas a rellenarme el vaso, me dirigí a una mesa donde había una botella de coca cola custodiada por la vista de dos italianas.

—¿Esta coca cola es vuestra?
—No, no… échate.
—Gracias.

Y empecé a hablar con ellas. A los dos minutos llegó uno de mis amigos: “¿Esta coca cola es vuestra?”. Lo miré con cara de “nos acabas de delatar”, a lo que respondió con un “Ah, no sabía que eras tú”, y se unió a la conversación. Por negligencias en la coordinación y cooperatividad del equipo, acabamos sin conseguir algún medio de contacto para relaciones futuras para con ellas.

Si hay una cosa molesta de beber cubatas —aparte de la futurible resaca— es la enorme frecuencia de las visitas al baño. En una de éstas, justo después de haber entrado yo y haberme bajado la portañuela, entró una gorda profiriendo ruidos de gato en celo conminándome a que me saliera. Tal cosa ocurrió porque las casas donde suelen vivir los erasmus son viejas y mal cuidadas, y las puertas, cuando no carecen directamente de pestillo, no cierran bien y uno tiene que fiarse de la buena voluntad de los que van detrás o de cuánto esté chorreando alguna loba. Y es que es una lástima que fuera una gorda la que irrumpió interrumpiendo mi micción, que si no de buena gana le hubiera meado en la cara mientras echaba las pipas en el lavabo.

Expulsado del baño al que tenía legítimo derecho tras haber guardado cola, me puse nuevamente en cola, esta vez en primer lugar, a esperas de que la gorda terminara sus quehaceres. Sin embargo, tras un par de minutos, la susodicha empezó a dar voces, no ya sólo llamando a Juan, sino como si estuviera cayéndosele la casa en lo alto o como si estuviera pariendo ballenas, cosa que no me habría extrañado. La cosa fue a tal que toda la fiesta se arremolinó en torno a la puerta del cuarto de baño, rogándole a la gorda que, si seguía viva (ya que se había callado de forma súbita), que abriera la puerta, pues la había atrancado de alguna forma, quizás desmayándose tras ella.

Mientras se debatía la posibilidad de echar la puerta abajo, me puse a hablar con una muchacha, amiga de la interfecta, y a la que a mí, sin duda alguna a causa de los efectos del whisky, me pareció de una belleza nada despreciable. Al rato de fluida y apasionada por su parte conversación, me dispuse a no volver a cometer el error de las italianas:

—A to esto —dije mientras sacaba el móvil del bolsillo—, tu móvil empezaba por 6, ¿no?
—Todos los móviles empiezan por 6…
—Vaya, creía que no te darías cuenta… Entonces sí que empieza por 6…
—Y sigue por…

En éstas estaba cuando la gorda salió de su voluntario cautiverio, por lo que la amiga se apresuró no sólo a darme los otros ocho números, sino también a pedirme que le diera un toque y así tendría ella el mío, hecho que puede significar o bien un manifiesto interés, o bien un aviso de “cuando llame este número, no lo cojas”; como minutos después caí en quién era la chavala, por lo que al día siguiente decidí cerrar ese frente, el motivo de su petición me trae al fresco, si bien mi magnanimidad me llevó a cederle el número a mi amigo por interés y petición expresa suyos.

Como, repito, me tocaba a mí entrar al servicio, reparé en que los seis (número ratificado por mis amigos) botes de champú de la bañera estaban tirados por los suelos, así como un bote de oraldine en el lavabo. Además, decía ella, le faltaba un zapato que no aparecía por sitio alguno del cuarto de baño. De esto, un amigo y yo sacamos las siguientes conclusiones:

  1. La gorda se había indigestado por la ingestión de uno de sus zapatos.
  2. La ingestión indiscriminada, abusiva y sin prescripción de oraldine y quizás de seis botes de champú estuvo a punto de causarle la muerte, precedida por un inmenso griterío.

Entre el descojone de todos los que nos entendían, creí conveniente señalar que, si la casa estuviera en un bajo (estaba, sin embargo, en un cuarto), yo mismo la arrojaría por la ventana para que dejara de joder, momento en el que pasó la amiga por mi lado y, entre risas incontenidas, me dijo que “qué malo era” mientras me daba un bofetoncillo inocente en la cara, hecho que, si no fuera por mi anterior descubrimiento de quién era ella realmente, me hubiera llevado a hacerle cerdería fina que habría sido, sin duda alguna, correspondida por su parte.

Eneas y Anquises 20 de Enero del 2008

Escrito por SodLogan en: Estudios, Frikadas, Literatura , comentarios cerrados

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Una vez que Troya fue tomada, Eneas, junto a algunos, recuperó parte de la ciudad e hizo frente a los atacantes griegos. Éstos le propusieron un pacto para dejarlos libres y les concedieron la posibilidad de coger algo personal. Mientras todos los demás cogían oro y plata y alguna otra cosa de valor, Eneas imploró a los griegos por la vida de su padre, que era muy mayor, y se lo llevó en hombros, hecho que admiró tanto a los griegos que le dieron un nuevo permiso para llevarse cualquier otra cosa que quisiera de su casa, por lo que cogió los objetos ancestrales de su familia. Y ocurrió que por esto su virtud fue alabada mucho más, alcanzando la gloria incluso entre sus enemigos.

Fragmento precioso traducido por mí directamente desde el griego. Me perdonarán la traducción poco ortodoxa de la oración en negrita, pero no se me ocurre otra que transmita de tal forma el mensaje.

Diodoro Sículo (Bibliotheca historica, libro 7)

Hoy cumplo 20 años 11 de Septiembre del 2007

Escrito por SodLogan en: Casposidad, Frikadas, Reflexiones , comentarios cerrados

Ya van 20 años desde que mi madre mechó por coño como quien dice. Quizás este salto de décadas no sea tan traumático como los 30, los 40 o los 50 (supongo que a partir de los 50 ya sudas de todo y los habrá que hasta pierdan la cuenta), pero supongo que es normal pararse a pensar, a reflexionar. Algo así como cuando un anime va por la mitad, que te meten un capítulo de refrito, un resumen de todo lo que ha pasado hasta ahora. Yo espero que estos 20 años no sean esa mitad, ni que esa mitad haya pasado ya hace años, claro.

A bote pronto, la sensación de haber cumplido 20 años es de tristeza o incluso nostalgia, si bien no sabría explicar por qué esto último. No porque sienta que me esté haciendo viejo, sino más por una sensación de vacío, como si en estos 20 años no hubiera hecho nada importante con mi vida. Hay una serie de anuncios, creo que del Renault Mégane, que podrían explicar esta sensación que siento ahora mismo.

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Si me paro a pensar, hay demasiadas cosas que a mi edad debería haber hecho pero que aún no he hecho, ni parece que vaya a hacer a corto plazo. Y la mayoría de los tiros —no todos—, me temo, van por donde siempre, no lo voy a negar. Podría explicar mi situación con unos ejemplos algo frikis, como que mi mayor experiencia sexual fue el minijuego de la piscina del God of War 2 y que lo más súper fuerte de la muerte que he hecho con una mujer ha sido ir al cine y comerme un helado, y esto en la más candorosa de las inocencias. Ni siquiera puedo decir que practico con cierta —aunque razonable— asiduidad el onanismo, si me ciño a la etimología. Lamentable.

Forma definitiva de ligar en un restaurante

Escrito por SodLogan en: Frikadas, Ver para creer , comentarios cerrados

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Sin palabras. Chapeau.