Sobre los intereses de las golfas 11 de Septiembre del 2007
Escrito por SodLogan en: Golfas, Protestas, Reflexiones , escribe tu comentarioYo creo que realmente las mujeres no buscan un hombre que tenga dinero, o que tenga coche.
Buscan dinero y un coche gratis, y un hombre gilipollas es la manera más fácil de conseguirlo.
—Increíble reflexión de un forero presuntamente de Vandal, por vía de mi amigo Yohein.
La cruda realidad de las mujeres 6 de Septiembre del 2007
Escrito por SodLogan en: Casposidad, Golfas, Reflexiones , escribe tu comentarioBienvenido a la cruda realidad de las mujeres: todo es muy guay hasta que les dices lo que sientes, que entonces parece que les has confesado que tienes una enfermedad contagiosa y evitan todo contacto contigo […].
Las tías son así, muy majas mientras les sirvas de algo, cuando dejes de servirles, olvídate de ellas porque ellas hace tiempo se olvidaron de ti.
—Nuevamente, Glamdirg, sabio y filósofo de ElOtroLado.net
El viaje a Barcelona 1 de Agosto del 2007
Escrito por SodLogan en: Casposidad, Golfas, Reflexiones, Viajes , 6 comentariosAyer mismo volví de mi pequeño viaje de vacaciones a Barcelona. Como puntuación global, podría ponérsele un notable, en contraposición al muy deficiente del viaje del pasado verano a Londres. Quizás fue porque este año hubo más suerte, o quizás porque este año iba a tiros hechos, sabiendo lo que me iba a encontrar y lo que quería hacer.
Por llegar al hostal (Hostal Fernando, muy recomendado), tuvimos que esperar, a las 12 de la noche y sudando como chanchos, a que un capullo preguntara una vez tras otra lo mismo.
—¿Qué habitaciones tiene libres?
—Tengo no sé cuántas camas libres, pero tendrían que ser en habitaciones separadas.
—Pero yo quiero no sé qué…
—Pero sólo tengo estas camas libres en habitaciones separadas.
—¿Pero no puede ser en la misma habitación?etcétera de 10 minutos
El recepcionista, Santiago, un argentino con gran parecido a Quentin Tarantino del que nos hicimos medio coleguitas, nos miró compadeciéndose de nosotros y nos dijo “chicos, sha ven que han shegado en mal momento”, aunque el otro pavo parece que no se dio por aludido. Lo peor de todo es que después se fue por donde vino, una vez que se dio cuenta de que no podía meter a veinte personas en la misma habitación.
A la mañana siguiente ya tuvimos la primera pequeña anécdota. Nos despertamos y uno de mis dos acompañantes bajó a hacer alguna gestión. En los cinco minutos, el restante y yo hablamos brevemente con nuestros compañeros de habitación: un argentino y sus dos primas que, si bien no eran gran cosa, tampoco estaban mal. Volvió nuestro amigo:
—Illo, la sala de estar está llena de sudacas.
Aunque no fue más allá, ya que posteriormente se disculpó e incluso nos hicimos amigos de los argentinos; sin embargo, no llegamos a jugar al strip póquer como habíamos fabulado en un principio.
Aun sabiendo que íbamos a lo que íbamos, no era plan de abandonar Barcelona sin visitar ciertos lugares, así que un día decidimos ir de turismo. Por supuesto, el primer sitio fue la Sagrada Familia, aunque debido al escaso interés de mis compañeros y al precio que imponían los catalanes por entrar (que tiene huevos), sólo le dimos la vuelta por fuera y de vuelta al metro antes de que se pasara la hora y cuarto de transbordo.
Tras esto, tuvimos la horrible idea de ir a ver el Castillo de Montjuïc. Una vez que nos bajamos en el sitio más cerca en el que nos dejaba el metro, empezamos a subir interminables escaleras hasta la zona olímpica. Allí tuvimos la ya horribilísima idea de preguntarle a un par de capullos que aún deben estar partiéndose la polla a nuestra costa.
—¿El Castillo de Montjuïc?
—Cinco minutos hacia allá:D
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Sus muertos cinco minutos. Anduvimos cinco minutos y no encontramos nada, diez, quince, veinte… pero, ya que estábamos allí, había que seguir. Para colmo de males, el calor era abrasador y éramos los más kíes del lugar, sin camiseta y blancos como pescadillas. Los vejetes que nos veían subir aquellas cuestas de dios se nos quedaban mirando atónitos. Media hora y más subiendo cuestas sin ver nada nos hacía pensar que el castillo debió haberse erosionado y que nadie se había dado cuenta, aunque sí que estaba allí. Llegamos tan reventados que entramos, nos compramos una botella de agua, dimos la vuelta al castillo y pa’bajo, aunque esta vez en autobús.
Y eso, amigos, fue el turismo que hicimos. También vimos accidentalmente el Colón, aunque ya digo que poca cosa. Sin embargo, lo interesante del viaje no eran los monumentos, ni siquiera las catalanas, sino las playuquis y la juerga nocturna.
Tres o cuatro tardes fuimos a la Barceloneta, donde las guiris se apiñaban para enseñar carne de la buena y los moros ofrecían con fruición colafantaseeervesaverycoldbeermyfriend; en ocasiones también choooocolatemaríacoca. Cada tarde llegaba un momento en que dos de nosotros nos confabulábamos contra el otro para meterle presión para que se fuera hacia unas pavas y les dijera algo. El más arrojado de nosotros fue cierta tarde hacia unas italianas con éxito nulo. A la siguiente, el otro y yo nos acercamos a unas alemanas que, aunque sí que nos daban bola, no tardaron en decirnos que aquella misma noche se iban a Málaga o algo así, por lo que nuestros aviesos propósitos se vieron truncados. Ese mismo día, tras la decepción de las alemanas, el restante, el de las italianas, se acercó a otras dos con las que estuvo hablando su buena media hora; las golfas le pidieron el móvil y le dijeron que lo llamarían el viernes para ver si salíamos juntos. Como era de suponer, tal llamada nunca llegó.
Tras la playa, volvíamos, nos duchábamos, cenábamos y nos preparábamos para la noche. No tardamos en agenciarnos una botella por cabeza de alcohol. Llegados a este punto, tiramos la casa por la ventana: Absolut Vodka para el menda, whisky (bourbon) Four Roses para uno y ron Brugal para el otro. Tras la cena, cogíamos nuestras botellas, nuestros hielos y nuestras tazas-souvenir y nos poníamos a jugar al póker mientras dejábamos trabajar al hígado.
La primera noche fue sencillamente brutal. Caminando por La Rambla nos dieron invitaciones para un antro llamado Moog, y para allá fuimos. Nos pedimos un par de cervezones y empezamos la faena. Aunque la música era techno más que nada, nosotros perreábamos como nunca antes lo habíamos hecho. A mí se me acercó una golfa y empezó a darme conversación mientras se me rozaba por doquier. Aunque me perreaba a base de bien, la cosa no llegó a más, ya que la acompañaba un maricón que me dijo que tenía novio (ella). Como agradecimiento, le ilustré con aquella frase de “no folló el burro por guapo sino por pesado”, aunque yo ni por guapo ni por pesado.
Cuando lo di por perdido, subí a una pequeña plataforma de escasos centímetros de anchura a conejear un rato, donde conocí a una tal Francesca a la que le dije que “Io sonno Francisco” y di placer a todas las golfas que venían buscándolo, que no eran pocas. Aunque no pasó nada especial, aquella noche fue de las mejores noches discotequeras que recuerdo haber tenido.
Otra noche fuimos a un tal Fellini por recomendación de varias personas, aunque allí sólo encontramos material fálico en abundancia. Nos salimos y entramos en otro sitio mucho más relajado, donde entablamos conversación con tres francesas bien del montón —ergo accesibles— a las que llevamos de vuelta al Fellini para poder hacer lo que hay que hacer. Sin embargo, aquello no les gustó y se fueron al poco rato, como si tuvieran la esperanza de encontrar a otros tres apuestos caballeros. Noche perdida.
Entretanto, llegaron al hostal, a nuestra planta, cuatro italianas. Desde el primer momento las calamos. Llamarlas golfas es como decirle tontolculo a alguien que te está apuntando con una pistola. Eran el cénit, el apogeo del golfismo, un golfismo superlativo, un golfismo sin precedentes incluso para mí. No ya para preguntarles sin miedo si lo escupen o lo tragan, sino más bien para preguntarles si hacen gárgaras.
El primer encuentro que tuve con ellas fue en la cocina, al intentar salir de ella. Me disculpé en español y en italiano para que me abrieran paso, pero en vez de apartarse de la puerta se hicieron fuertes y hube de salir de allí rozándome con todas. Al entrar de nuevo, me las rocé a todas mientras me miraban satisfechas. A partir de aquel día, cada vez que me/nos veían, me/nos saludaban con unos cánticos de ciao, ciao, como si las sirenas y Ulises fuéramos. Pero, como ya he dicho, las teníamos catadas y desde el principio nos atamos al mástil.
Aun así, en una cena hablamos algo con ellas, en español los machos y en italiano las golfas, y les dijimos que todas las noches estábamos en la sala de estar bebiéndonos nuestros lotazos y jugando al póker para después salir por ahí. Como buenas golfas, nos dijeron que se pasarían por allí y que saldríamos juntos por ahí, cosa que, como ya supusimos, no ocurrió.
Finalmente se fueron los argentinos y entraron dos colombianos que liaban la de Cristo por las mañanas, o más bien al alba, como si estuvieran en sus casas. También vino un inglés al que nadie vio y que se fue al día siguiente, dejando su sitio a una lituana que llegó por la noche. Nosotros nos preparábamos para irnos por ahí, así que allí la dejamos. Sin embargo, nuestro plan se torció y volvimos para ponernos ropa más cómoda e irnos a otro sitio. Por el camino, debatimos brevemente sobre nuestra nueva compañera de habitación, y llegamos a la conclusión de que para viajar sola y alojarse sola en una habitación mixta hay que ser o bien muy golfa o bien muy inocente.
Llegamos, nos cambiamos delante de la chavala, que aún andaba despierta, y le propusimos que se viniera con nosotros, cosa que aceptó de buen grado. ¿Era muy golfa o muy inocente? La llevamos a Sunset, en el Maremagnum, y allí empezó otra muy buena noche. Sin embargo, el hecho de que aquella noche no bebiéramos y de que estuviera allí la pava con la que aquella noche tendríamos que dormir nos cortó algo y no pudimos perrear en condiciones a la ingente cantidad de guiris golfillas. Aquel sitio, el Sunset, era el paraíso de las discotecas: música buena y una proporción al 50% de buitres y golfas. Como casi todas eran guiris, iban bien sueltecitas y eran presas fáciles.
Como anécdotas, recuerdo a un peruano que iba ciego perdido, con greñas asquerosamente bañadas en sudor, como si hubiera salido de la ducha, que, cada vez que se cruzaba con una golfa, le metía un lametón en el cuello. También había un puretón de cincuenta años, calvo y con bigote, que era el amo de la pista y que perreaba con todas las que quería. Encima, las golfillas le seguían el rollo.
Decidimos que aquél era el sitio perfecto y que la noche siguiente, la última que estaríamos en Barcelona, iríamos allí del tirón, esta vez cargados de alcohol y sin trabas ni impedimentas.
Aquel día, el último, quedé con Nenillo y Fitti. Por deseo de mis amigos, fuimos a comer al McDonald’s para comprar Big Macs y comer chorreando el sudor sobacos abajo. Tras la comida nos dirigimos a un circuito de karts donde corrieron Nenillo, Fitti y otro amigo de Nenillo. Yo, por miedo a hacer el canelo de forma alarmante, me abstuve, aunque cuando los vi correr me arrepentí de no haberme metido. Me asombró el hecho de que Fitti no hiciera ningún trompo, se estrellara o volcara.
Por la noche, aunque no estaba claro, volvimos a quedar para perrear a lo grande en Sunset. Esta vez, no sólo nos acompañaba la lituana (que resultó ser más que nada muy inocente), sino también los dos colombianos, aunque teníamos la esperanza de que los tres se fueran a su bola y nos dejaran a nuestra bola. Sin embargo, Sunset no pudo ser, por lo que emprendimos un enorme periplo por La Rambla de garito en garito sin resultado alguno, hasta que ya, siendo más de las tres de la mañana, desistimos y nos fuimos cada uno a tomar por culo.
El día siguiente era el de regreso y puesto que nuestro avión salía a horas intempestivas tuvimos que pasar algunas horas en el aeropuerto. Allí nos sentamos al lado de dos buenas mozas —no por nada, sino por azar— a las que, minutos más tarde, empezó a buitrear un inglés gilipollas que traía tres latas de cerveza en la mano, las tres para él.
Las pavas resultaron ser austriacas, por lo que la conversación buitre-golfas era en inglés.
El muy gilipollas, sin ningún tipo de contemplación, empezó a contarles a las austriacas que no le gustaban los españoles porque “llevan unos zapatos muy gordos y cuando se los quitan sale toda la peste”, o que “somos muy vagos porque él pide una cerveza en un bar y tardan ‘dos horas’ en ponérsela”, entre otras lindezas.
Como le mirábamos raro de vez en cuando debió suponer que éramos españoles e intentó hacernos la prueba del algodón para ver si entendíamos inglés.
—Are you sleeping here tonight?
Yo, que soy muy cuco, me limité a poner cara de duda y a decir yes, yes, dando a entender que no sabía qué me estaba diciendo. Una vez que creyó comprobar que no le entendíamos, continuó soltando paridas sobre los españoles, hasta que les mostré con cara de psicópata un cuchillo que llevaba en la maleta a mis amigos, a lo que el inglés les dijo a las austriacas:
—… I think they understand
Y a partir de ahí se cortó. Otra anécdota más del aeropuerto fue que, en la cola para facturar, se nos acerca un pavo y nos pregunta:
—*no sé qué en catalán*
—¿Qué?
—*no sé qué en catalán*
—¿Qué?
—(con el inglés de las Alpujarras) Do you speak English?
—¿Qué?
—(un acompañante del pavo) No parlan…
—(el pavo) Ah, sois españoles…
Felicidades. Tras tres qué, el tipo se dio cuenta de que no hablábamos catalán y que tampoco éramos ingleses. Cuando se alejaron, hice un pequeño monólogo para mis amigos que resumo:
Hay que ser gilipollas para venir a un aeropuerto y empezar a hablar en catalán…
A lo que las tías que estaban detrás, que hasta entonces estaban hablando en castellano, empezaron a hablar en catalán. Para darles de tortas.
Ligando en el ascensor
Escrito por SodLogan en: Frikadas, Golfas, Reflexiones, Ver para creer , 2 comentarios—Uff, qué calor hace
—Sí, este tiempo está loco
—Hablando de tiempo, hace mucho que no follo
—Ven aquí, hombre, que te voy a dejar seco
—Forma definitiva para follar con una desconocida en un ascensor, por Glamdirg (ElOtroLado.net)
Análisis de las mujeres por una mujer 10 de Julio del 2007
Escrito por SodLogan en: Casposidad, Golfas, Otros blogs, Protestas, Reflexiones, Ver para creer , 9 comentariosDejando a un lado la modestia, falaz virtud de la humanidad, he de decir que siempre me he considerado una persona observadora, con una buena capacidad de análisis y no peores capacidades empáticas y psicológicas en general. Gracias a estas dotes he ido escribiendo y divulgando ciertas teorías sobre las mujeres, debido a las cuales muchas veces se me ha calificado de resentido, machista, etc. A mí, plin.
Hoy leo en el blog de Bestiaria una columna que viene a demostrar que en ningún momento me equivoqué. Personalmente no me gusta esta mujer, ya que muchas de sus columnas desprenden feminazionalsocialismo por los cuatro costados, aunque no me sirven sino para aprender más sobre el “enemigo”. Ya lo dijo Sun Tzu en su famoso libro El arte de la guerra:
Por tanto os digo: Conoce a tu enemigo y conócete a ti mismo; en cien batallas, nunca saldrás derrotado. Si eres ignorante de tu enemigo pero te conoces a ti mismo, tus oportunidades de ganar o perder son las mismas. Si eres ignorante de tu enemigo y de ti mismo, puedes estar seguro de ser derrotado en cada batalla.
No sé si esta mujer es psicóloga o si sólo se ha limitado a traducir, pero si una mujer tira piedras contra su propio tejado debe ser porque es algo que no se puede ni se debe ocultar, así que tomo sus postulados por ciertos e irrefutables como los de Euclides.
Tenemos una compulsión enfermiza por depilarnos
Hace tiempo todos aceptamos que la depilación es un hábito bárbaro y machista que degrada a la mujer, y, sin embargo […] es la cera o la vida. […]
A pesar de nuestras amargas quejas, arrancarnos esos pelos es una forma de felicidad.
Nos encanta extraerlos uno por uno y verlos pegados a la cera como millones de hormigas atrapadas en la arena. […]
No puedo explicar por qué, pero despedirnos de ese vello que cosechamos en nuestro propio cuerpo, nos genera un doble sentimiento: la indignación de comulgar con un hábito tan salvaje, y la serena gratificación de quien realiza una artesanía.
Cualquiera que haya seguido mis columnas golferas sabrá encontrar las similitudes.
Tenemos una falla en el sistema racional
Es muy común que una mujer interrumpa una actividad de rutina para llorar desconsoladamente. A veces sólo basta un pequeño traspié (se quema la comida o se derrama la sal) para tener un acceso de pena. […]
A pesar de lo que cree la mayoría, este vicio tan irritante no es un síntoma de demencia, es una falla en el sentido común llamada golpe de estado emocional; un instante de trágico descuido en el que las emociones pisotean y derrocan a la razón tomando el control absoluto de todo el cuerpo.
El sistema dramático envía agudas descargas de indignación al cerebro, […] produciendo episodios de crisis emotiva y profuso llanto. El encéfalo […] redirige a la mujer a la manera de un escudo que rechaza toda argumentación racional o intento de postergar la disputa, recita extensos inventarios de suculentos reproches, estimula los lagrimales, y tiene violentos chispazos de ira demencial.
A mí esto me mata.
Las mujeres tenemos una matemática simbólica paralela. Mientras para el resto del mundo un número es un número, para nosotras son dos: el que decimos, y el que callamos. […]
Todas las mujeres pesamos 49 ó 59 kilos, y, si somos muy grandotas, 69, pero ninguna acusa 62 o 71. […] Menos aún puede saber un marido «cuanto costó la remerita», porque siempre, absolutamente siempre, «estaba de oferta». Por último, nadie puede confirmar la cantidad de amantes que tuvo su novia antes, porque hay muchos “que no cuentan” y otros que es mejor olvidar.
…
Regamos sus secretos por todos lados
Las mujeres tenemos un sentido de la privacidad muy difuso. Mientras los hombres apenas si le dicen a sus amigos que estan saliendo con una chica, nosotras vomitamos toda la información luego de la primera salida. […] Hablamos tanto, que destruimos el tabique de intimidad que separa a la una de la otra. […]
Si bien los hombres conocen esta debilidad, no se imaginan al grado de indiscreción al que podemos llegar. Ignoran que esa amiga que viene a casa tan seguido sabe absolutamente todo sobre ellos. Que conoce todos sus movimientos en la cama como si los hubiera espiado. […] Que los detesta porque nos dejaron plantadas o nos hicieron llorar, y que nos aconseja que los dejemos cada vez que le contamos la última estupidez que hicieron.
La última parte en negrita, sin duda, un apuñalamiento traidor, tanto al tío como a la tía. Además, este apartado me recuerda a aquello que yo mismo escribí:
Mientras que los hombres hablamos sin ningún tipo de pudor, motivo por el que recibimos sus críticas (cerdo, cabrón, guarro, etc.), ellas se callan las cositas… ¡o no! Porque después, cuando no hay tíos a la vista, son las primeras en decir de todo.
Quiero decir, por ejemplo, que si un tío habla de que la noche anterior se llevó al huerto a una, las mujeres presentes le dirán, con los hilos de baba rabiante en la boca, que es un fantasma, un payaso y un creído, y que esas cosas no se dicen a los demás, que forma parte de la intimidad de la “pareja” y que podría herir la sensibilidad de la hortelana. Pero después, cuando eso mismo lo hace una tía, es porque comparten sus experiencias con sus amigas.
Sigamos.
Cuando una mujer descubre que su marido la engaña lo primero que pregunta no es: “¿Por qué lo hiciste?”, sino “¿Quién es ella?”. No le interesan los motivos de la traición; lo que le importa saber es si la otra era más jóven o más linda, si era mejor en la cama, en dónde se conocieron y cuantas veces tuvieron sexo.
Cuando yo era más jóven, por ejemplo, terminaba todos los años durmiendo con mi ex novio. […] Durante un par de años pensé que estas idas y vueltas significaban que estabamos hechos el uno para el otro; pero mi reincidencia tenía muy poco que ver con el amor. Mi deseo no era recuperarlo. Mi objetivo era probar que yo era inolvidable. Competía con ella sin importar quien fuera; tenía que demostrarle al mundo que yo era la mejor de todas.
Las mujeres, a diferencia de lo que los hombres creen, estamos en constante conflicto con nuestro género. Ellos son, cuando mucho, personajes secundarios. Cuando vamos a un casamiento […] necesitamos llevar pareja para que el resto de las mujeres no puedan jugar la carta de: “yo tendré tres pibes y pareceré un colchón mal atado pero vos ni tenés marido”, y nostras podamos, en cambio, mostrar nuestro juego: “Mientras vos fregás pañales de rodillas yo tomo cocktails con sombrillitas y me burlo de tu panza”.
Idem, eadem, idem: “Y […] recuerdo su pasmosa habilidad para destriparse unas a las otras a las espaldas”.
Somos puro envoltorio
No es ningún secreto que las mismas mujeres que se ofenden por una grosería, en la intimidad son mucho menos remilgadas. […] [Los hombres] apenas sospechan el grado de impostación a la que podemos llegar.
Las mujeres que apenas comen en una cita, por ejemplo, llegan a su casa y se atoran con galleta rancia, desgarran un salame entero con los colmillos y apuran una lata de salsa de tomate de un trago. Aquellas que censuran a un hombre por limpiarse con el puño, son las mismas que pescan medibachas del canasto de la ropa sucia antes de ir a trabajar, eructan como un albañil descompuesto delante de las amigas y comparten con su gato un yogur a la mañana. Y también están las que se escandalizan cuando alguien les grita cochinadas por la calle, y luego escupen cuando nadie las mira, se lanzan como una araña sobre un taxi boy o gritan como tumberas depravadas en la cama.
“Entramos en una doble moral y en casposidades éticas“.
Vamos al baño juntas por necesidad (¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?)
[…] Es hora de que se sepa: cuando vamos al baño juntas no hablamos de ustedes ni nos manoseamos. Si vamos de a dos es porque nos llevaron a una fonda mugrienta en la que nuestra compañera tiene que sostenernos la puerta del baño o boxear contra otra mujer por el último cuadrito de papel higiénico. Mientras ustedes creen que “cuchicheamos” estamos combatiendo el cólera trepadas sobre una letrina y repeliendo murciélagos con la tapa del tacho de basura. […]
Ración de feminazismo falaz que no podía faltar en la columna de esta mujer. Yo he visto a mujeres ir de a dos (o de a tres o de a cuatro o de ad infinitum) para ir a mear a su propio cuarto de baño, así que esos argumentos no me valen. Y ojo, que no desapruebo del todo esta práctica, pues posiblemente sean restos de instintos antivioladores, pero que no se cuenten mentiras.
Como telépatas programadas nos enamoramos, sin premeditación, de un mismo hombre al mismo tiempo. […] En una época fue Brad Pitt, luego vino George Clooney, después Russell Crowe y hasta hace poco, Jude Law. Sin embargo, en este preciso momento, todas quieren a Adrien Brody y a Roger Federer.
A.K.A. borreguismo y/o poca personalidad. Pero me gustaría, ya para terminar, hacer una pequeña diferenciación que no hace la autora y que yo veo conveniente:
- El culo veo, culo quiero de la vida cotidiana.
- El borreguismo al que alude la autora y que expresaré de nuevo con una ecuación: pavo famoso + no es un orco con granos en los sobacos = vaya tío bueno
El segundo punto ya lo ha dejado claro la autora. Respecto al primero, manifestarme contra ese sentimiento, posiblemente también apuñalador entre ellas, de
- Fulanito no me mola
- Fulanito sale con Fulanita
- *momento de desconcierto*
- Fulanito me mola. ¿Por qué fui tan tonta? ¿Por qué no lo vi antes?
:(
Der abschließende, bestimmte, definitive, endgültige, entscheidende Aufsatz.
Sobre las chicas de hoy en día y los padres que se creen que llegan vírgenes al matrimonio 12 de Junio del 2007
Escrito por SodLogan en: Casposidad, Golfas, Protestas, Reflexiones, Ver para creer , 5 comentariosA ver si después de esta columna dejo la saga golfera un poco apartada y me dedico a otro tipo de género por un tiempo.
Hace un par de semanas, un buen amigo me pasó un vídeo grabado con un móvil. La conversación, por messenger, fue la siguiente, donde X es mi amigo:
X: 1 video de una zorra de asturias
X: que hace lo que tu kieras por 50€
SodLogan: xDDDD
SodLogan: y de donde lo has sacao?
X: por 50€ se la follan 10 personas
X: 5€ cada uno
X: xDD
X: me lo han pasao
SodLogan: prff xD
SodLogan: pos vamos a tener que ir a asturias entonces
X: se ve un carajo
X: pero realmente se aprecia lo zorra q es la tia
X: “si no se te empalma vamos mal”
Has recibido satisfactoriamente C:\—\Clip_16__2_.3gp de X…
X: “me podeis grabar…mientras no me vea mi madre”
X: “salgo wapa?”
X: xDDD
X: “kien me esta dando por detras”
X: xDDD
SodLogan: y que, tienes el telefono? xD
X: q va…
X: tengo el video en el telefono
X: xD
X: q es diferente
SodLogan: tsss xD
Hoy me ha pasado este enlace, donde parece ser que algún familiar de la menor (manda huevos) ha visto lo puta que es su hija y ahora quiere denunciar a los chavales.
Las mismas fuentes confirmaron que existe una denuncia interpuesta en un Juzgado asturiano por parte del entorno familiar de la menor.
El vídeo está aparentemente grabado con el consentimiento de la adolescente, a la que en ningún momento se fuerza a mantener las relaciones sexuales.
Y por si alguien no ha pulsado el enlace que he puesto en puta y ya va ávido a llamarme misógino y/o cualquier otra cosa en los comentarios, copio y pego del DRAE:
prostituto, ta.
(Del lat. prostitūtus).1. m. y f. Persona que mantiene relaciones sexuales a cambio de dinero.
¿Entonces? ¿Adónde vamos a llegar? ¿Acaso la tía se creía que el hecho de que la grabaran era sólo para hacerse un pajote al llegar a casa? Está claro que la tía es no sólo una golfa (muy respetable; si yo me pudiera tirar a cinco tías a la vez, eso que me llevo), sino también una puta (ver párrafo anterior), y que los padres, que supongo que serán los denunciantes, unos capullos. Señores míos, su hija no es ninguna santita; acepten que su hija es lo que es y que disfruta con ello y déjense de denuncias gilipollescas.
Y ojo, que no defiendo que se haya publicado el vídeo sin el consentimiento de la pava (que espero que los chachos puedan demostrar que lo dio), pero que no se denuncie usando cada dos palabras la palabra menor, porque a mí me parece que una chavala que come pollas por aquí y por acullá no es nada menor, independientemente de lo que diga el DNI.
Antes de tener que aclararlo en los comentarios, lo vuelvo a decir:
DISCLAIMER SOBRE ESTA COLUMNA
- Me parece bien que la chica haga lo que le venga en gana.
- Me parece bien que los chicos hagan colecta y se la tiren.
- Me parece bien que los chicos la graben con su consentimiento.
- Me parece mal que los chicos difundan el vídeo sin su consentimiento.
- Me parece bien que los chicos difundan el vídeo con su consentimiento, independientemente de que sea menor o mayor de edad.
- Me parece mal que los padres (o el denunciante) no acepten lo que hace su hija y quieran sacar tajada.
- Me parece mal que se use la palabra menor como agravante. De menor nada, que buena ración de nabos que se ha comido.
- No estoy diciendo que todas las chicas de hoy en día sean como ésta ni que sus respectivos padres y/o familiares sean igual de estultos que los de ésta.

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