El práctico 3 de Octubre del 2008
Escrito por SodLogan en: Reflexiones , comentarios cerradosDespués de 42 clases prácticas, el pasado miércoles 24 llegó la hora de hacer el temido examen práctico del coche. Las últimas clases me fueron bastante bien. Sin embargo, el lunes 22 y el martes 23, todo empezó a ser un caos: direcciones prohibidas que no veía, stops sin hacer, pésima sincronización de pies, etc.
Pero la suerte estaba echada. Lo que tuviera que ser sería. Mi profesora presentaba a dos más: una mujerzuela cercana a los 30 y una muchacha que sería un año o dos menor que yo. Llegamos a “la pista”, punto de salida de nuestro examen, y allí hubimos de esperar a otro profesor y su alumno, que haría también el examen con nosotros.
Llegó el examinador de muy buen rollo, cosa esta que nos tranquilizó, y nos dijo que tenía que examinar a otros cuatro antes que a nosotros. Así pues, esperamos el tiempo pertinente, cosa de hora y media, y nos montamos en el “coche-escoba”, persiguiendo al otro coche, es decir, al del otro profesor, su alumno y el examinador.
El chaval lo iba haciendo bastante bien, hasta que escuchó las palabras mágicas: “pare usted a la derecha”. Estas palabras fueron su perdición, pues, si bien en principio significaban su aprobado, ante la enajenación mental del pobre chico, no tuvo reparo en llevarse por delante el espejo retrovisor de otro coche que estaba “a la derecha”. Mala suerte para el chaval.
Tras esto, le tocó el turno a la chavalita que iba con nosotros, mientras los demás íbamos en el coche de detrás. Tras hacer su examen, sin nada a destacar, me tocaba. El peor momento del examen es, sin duda, el momento en que te das cuenta de que la que va antes que tú está “parando a la derecha”. Tras esto, con un ligero temblor, abrí la puerta, salí del coche y eché a correr subí al coche donde se encontraba el examinador.
Tras unos quince minutos en los que demostré mi habilidad con el embrague —pues ni pasé de segunda— y mi capacidad de observación —al cruzárseme sin previo aviso un niño hijo de la gran puta, al que debería haber atropellado por desafiar la velocidad de mi pie izquierdo— dijo las palabras mágicas, en mi caso “pare usted a la izquierda”. Pero “la izquierda” eran diez metros de acera bien flanqueada de coches en una calle de tres metros de ancho. En cualquier caso, hice lo que el tipo me dijo y se dio el siguiente diálogo:
—… ¿qué paro, aquí?
—… …
—… … ¿qué paro, aquí?…
—… aquí estás molestando, shulo…
—…
—Avanza un poco más y déjalo a la derecha, anda…
Y así hice. Mientras la pureta hacía su examen, yo iba cavilando lo ocurrido y si aquel pequeño incidente podría costarme el carné, tornándose las palabras mágicas en mi contra, como al del espejo.
Una vez hubimos terminado todos, nos dirigimos a la autoescuela, nos apeamos del coche y la profesora y el examinador no tuvieron mejor idea que meterse en un bar a tomarse una cerveza sin darnos los resultados de nuestros exámenes. En lo más profundo, nos cagamos en sus muertos a caballo y esperamos pacientemente.
Tras la espera, apareció a lo lejos la profesora con una carpetita azul entre las manos. Se acercó realizando una mueca que, a menos que fuera una perra, significaba que los tres habíamos aprobado, cosa en la que afortunadamente no me equivoqué. (más…)
Rocky Balboa 23 de Agosto del 2008
Escrito por SodLogan en: Cine, Citas, Reflexiones , comentarios cerrados
El mundo no es todo alegría y color: es un lugar terrible, y, por muy duro que seas, es capaz de arrodillarte a golpes y tenerte sometido permanentemente si no se lo impides. Ni tú, ni yo, ni nadie golpea más fuerte que la vida. Pero no importa lo fuerte que golpeas, sino lo fuerte que pueden golpearte y lo aguantas mientras avanzas. Hay que soportar sin dejar de avanzar. ¡Así es como se gana!
Si tú sabes lo que vales, ve y consigue lo que mereces. Pero tendrás que soportar los golpes. Y no puedes estar diciendo que no estás donde querías llegar por culpa de él, de ella, ni de nadie. Eso lo hacen los cobardes, ¡y tú no lo eres! ¡Tú eres capaz de todo!
—Rocky Balboa a su hijo (Rocky Balboa)
El teórico 13 de Agosto del 2008
Escrito por SodLogan en: Reflexiones , comentarios cerradosAún recuerdo cuando empecé en la universidad. Todas las chavalas, en sus cinco minutos libres, se sacaban el librito de la autoescuela, o tests, y se ponían con el dichoso teórico. A los pocos meses venían canturreando felizmente la consecución de su carné de conducir. La profesora de alemán solía felicitar a la gente por su Führerschein. Mientras, yo lo veía como algo lejano e innecesario.
Sin embargo, este verano, nada más terminar el curso, me apunté a la autoescuela, harto de procrastinar el dichoso carné. Con un par de semanas de clases y de tests, me dirigí a Dos Hermanas e hice el teórico el 22 de julio. Al día siguiente, sobre las tres de la tarde, me encontré lo siguiente en la web de tráfico:

La verdad es que el teórico es algo muy desagradecido: es un coñazo estudiarse el librito, ir a clases y pasarse horas haciendo tests; por otra parte, si lo apruebas, es lo “normal”, mientras que si lo suspendes, el oprobio, la afrenta, la mofa y el escarnio se apoderan de ti, convirtiéndose en un sambenito sólo salvable aprobando el práctico a la primera. Menos mal que lo aprobé.
Al día siguiente de saber mi aprobado, ya estaba arrancando el coche de las prácticas y circulando por las calles de Sevilla bajo coacción de tener que esperar una cantidad indeterminada de meses a que me tocara el turno para las prácticas, a menos que empezara en julio, en cuyo caso podía seguir en septiembre. Así que, según mis planes, y si todo sale bien, a finales de dicho mes me habré sacado el carné.
Mujeres de Sevilla, de una en una.
Gente que me escribe
Escrito por SodLogan en: Autobombo , comentarios cerradosCon un poco de retraso, quisiera hablar de un mail que me escribió hace diez días un tal Joan Trujillo. Me cuenta que está traduciendo un libro sobre el Sitio de Leningrado durante la Segunda Guerra Mundial. Parece ser que acabó en el blog por accidente mientras visitaba esta web. Ahora copio y pego su último párrafo (negritas mías):
El caso es que he estado leyendo tu blog quince minutos y me ha parecido ingenioso y bien escrito; como es obvio que le dedicas bastante tiempo, he creído que valía la pena decírtelo por si te daba una mínima satisfacción. Nada más; sigue cuidando la lengua, que buena falta le hace.
Pues sí que me da satisfacción, y bastante. Un blog tan pequeño como éste y con tan pocos comentarios (también muy agradecidos, no quepa duda de ello) siempre recibe de buen grado cualquier comentario positivo (y negativo, siempre que sea de forma constructiva).
Publicando una columna por un mail de un lector no pretendo ofrecer un pequeño caramelito para que la gente me escriba (entre otras cosas porque dudo que a nadie le pueda hacer ilusión tal cosa), pero sí me ha parecido correcto agradecer el mail a esta persona y hacer saber a los demás que cualquier contacto siempre será agradecido.
Sin más, muchas gracias y suerte y ánimo con tu traducción. Como “fan” del conflicto, me encantará recibir noticias sobre tu trabajo.
El placer de blasfemar 12 de Agosto del 2008
Escrito por SodLogan en: Literatura, Reflexiones, Religión , comentarios cerrados—No llores —le dije sentándome a su lado—. Los hombres no deben llorar. ¿Sabes por qué? Porque es signo de debilidad y la debilidad invita al abuso o a la compasión, dos cosas dignas de ser evitadas.
[...]
—¿Todo lo que ocurre, ocurre por la voluntad de Dios, raboni?
—No lo sé. Pero si es así, debemos perdonarle, porque Dios o los dioses del Olimpo no conocen el dolor de perder a las personas queridas, y esto los hace inferiores a nosotros.
[...]
—¿Eso que dices no es una blasfemia?
—Seguramente sí. Blasfemar es otro privilegio privativo de los hombres. No sirve para mucho, pero, en ocasiones como la presente, no viene mal.
—Pomponio Flato y el niño Jesús (El asombroso viaje de Pomponio Flato, de Eduardo Mendoza)
El terrible vicio de la impuntualidad 14 de Julio del 2008
Escrito por SodLogan en: Casposidad, Golfas, Protestas, Reflexiones, Ver para creer , comentarios cerradosNo sé si alguna vez he hablado de la puntualidad. Yo, por lo general, soy puntual. Muy puntual, de hecho. La primera vez que quedo con alguien estoy clavado en el lugar y a la hora acordados. Para las sucesivas, ya aprendo y calculo —aun así con un amplio margen por defecto— el retraso.
Aunque ya he medio dejado ese género, tengo que decir que son siempre las mujeres, con mucho, las que abusan de la puntualidad y la buena fe de los demás. Durante este año, he quedado varias veces con la gente de mi clase para ir a comer, cenar y otro orden de actos sociales. Todas (o, al menos, la mayoría de) las veces, era una pava la que llegaba cosa de media hora tarde, con picos de más de una hora. Algo totalmente de locos.
Acabando los exámenes, decidimos quedar para cenar e irnos “de fiesta”. Tras acordar sitio y hora, hice la siguiente advertencia:
Ahora que estamos todos, os aviso: yo a los quince minutos me voy con quien haya llegado y esté dispuesto a venirse donde sea, y, si no, me voy a mi casa, pero no pienso estar esperando una hora como un gilipollas a que os planchéis el pelo.
Mano de santo. Llegaron todas con una razonable puntualidad.
La pasada semana era el cumpleaños de una chavala de mi clase. Ante tal acontecimiento, quedamos unos pocos para ir a comer. Decidimos ir a un sitio más bien cutre, nada ostentoso, apto para bolsillos impecunes. Faltaba una, que, casualmente, el 90% de las veces acaba dejándonos tirados. Al pasar media hora, y pues habíamos quedado en el propio bar, insistí vivamente en que pidiéramos nosotros, ya que había desayunado a una hora temprana y, además, no me parecía cuerdo esperar a una persona que, sin avisar de su tardanza, se retrasaba, por el momento, más de media hora.
Ante mi insistencia, empezaron a darle toques. Finalmente, la muy se dignó a llamar: que estaba con su novio haciendo ciertos quehaceres y que acababan de terminar, que entre que se duchaba, venía y tal se iba a hacer muy tarde; que no venía, vamos, un nuevo plantón para la lista. Yo, con mordaz y agresivo gesto vencedor, dándoles a entender de esta molesta forma que, finalmente, yo tenía razón, me abalancé a la carta y pedí mi comida.
Moraleja de la primera historia: el que llega tarde es porque no se propone llegar puntualmente.
Moraleja de la segunda historia: el que espera al que se retrasa y no avisa es gilipollas.


