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Problemas con el ratón en Gears of War for Windows (para PC) 13 de Marzo del 2008

Escrito por SodLogan en: Videojuegos , comentarios cerrados

Aunque sea apartarme bastante de la temática normal del blog, voy a publicar esta pequeña columna para solucionar un problema que he tenido. Tras un ratillo de investigar finalmente he encontrado con la solución, así que la publico para el disfrute de todos los que tengan este mismo problema.

marcus-fenix.jpg

Aunque ya me lo había pasado, tenía pensado volver a jugar a este grandiosísimo juego, el Gears of War. Sin embargo, cuál fue mi sorpresa cuando, tras esperar los 20 minutos de instalación y arrancar el juego, una vez que me metí en el cuerpo de Marcus Fénix, el ratón tenía vida propia. Por mucho que toqueteaba las opciones, mover el ratón significaba que Marcus empezara a saltar y a hacer cosas que no debería hacer.

Así que, tras una intensa búsqueda, di con la solución:

La fiesta y la gorda 3 de Marzo del 2008

Escrito por SodLogan en: Casposidad, Frikadas, Reflexiones , 9 comentarios

En el último par de meses, he tenido la suerte, por así llamarla, de estar invitado, por así decirlo, a tres fiestas de erasmus hembras en sus respectivas casas de alquiler. La última a la que fui fue este viernes, en la que las anfitrionas eran tres escocesas de muy, bastante y razonable buen ver, respectivamente.

Si hay algo que me gusta en especial de las fiestas de erasmus es que siempre son bajo techo, con comida gratis y con un número nada despreciable de jabatas borrachas y/o receptivas, amén de fácilmente “manipulables” por su estado de embriaguez y por las diferencias del idioma: “En España, si yo te invito a un cubata tú me tienes que dar tu número”. Se me acaba de ocurrir, pero sin duda es una frase que no dudaré en utilizar en la próxima ocasión y que expresa claramente lo que quiero decir.

Transcurría la noche bebiendo y conociendo a guiris, a algunos (los menos) con más interés que a otros. En una de mis escapadas a rellenarme el vaso, me dirigí a una mesa donde había una botella de coca cola custodiada por la vista de dos italianas.

—¿Esta coca cola es vuestra?
—No, no… échate.
—Gracias.

Y empecé a hablar con ellas. A los dos minutos llegó uno de mis amigos: “¿Esta coca cola es vuestra?”. Lo miré con cara de “nos acabas de delatar”, a lo que respondió con un “Ah, no sabía que eras tú”, y se unió a la conversación. Por negligencias en la coordinación y cooperatividad del equipo, acabamos sin conseguir algún medio de contacto para relaciones futuras para con ellas.

Si hay una cosa molesta de beber cubatas —aparte de la futurible resaca— es la enorme frecuencia de las visitas al baño. En una de éstas, justo después de haber entrado yo y haberme bajado la portañuela, entró una gorda profiriendo ruidos de gato en celo conminándome a que me saliera. Tal cosa ocurrió porque las casas donde suelen vivir los erasmus son viejas y mal cuidadas, y las puertas, cuando no carecen directamente de pestillo, no cierran bien y uno tiene que fiarse de la buena voluntad de los que van detrás o de cuánto esté chorreando alguna loba. Y es que es una lástima que fuera una gorda la que irrumpió interrumpiendo mi micción, que si no de buena gana le hubiera meado en la cara mientras echaba las pipas en el lavabo.

Expulsado del baño al que tenía legítimo derecho tras haber guardado cola, me puse nuevamente en cola, esta vez en primer lugar, a esperas de que la gorda terminara sus quehaceres. Sin embargo, tras un par de minutos, la susodicha empezó a dar voces, no ya sólo llamando a Juan, sino como si estuviera cayéndosele la casa en lo alto o como si estuviera pariendo ballenas, cosa que no me habría extrañado. La cosa fue a tal que toda la fiesta se arremolinó en torno a la puerta del cuarto de baño, rogándole a la gorda que, si seguía viva (ya que se había callado de forma súbita), que abriera la puerta, pues la había atrancado de alguna forma, quizás desmayándose tras ella.

Mientras se debatía la posibilidad de echar la puerta abajo, me puse a hablar con una muchacha, amiga de la interfecta, y a la que a mí, sin duda alguna a causa de los efectos del whisky, me pareció de una belleza nada despreciable. Al rato de fluida y apasionada por su parte conversación, me dispuse a no volver a cometer el error de las italianas:

—A to esto —dije mientras sacaba el móvil del bolsillo—, tu móvil empezaba por 6, ¿no?
—Todos los móviles empiezan por 6…
—Vaya, creía que no te darías cuenta… Entonces sí que empieza por 6…
—Y sigue por…

En éstas estaba cuando la gorda salió de su voluntario cautiverio, por lo que la amiga se apresuró no sólo a darme los otros ocho números, sino también a pedirme que le diera un toque y así tendría ella el mío, hecho que puede significar o bien un manifiesto interés, o bien un aviso de “cuando llame este número, no lo cojas”; como minutos después caí en quién era la chavala, por lo que al día siguiente decidí cerrar ese frente, el motivo de su petición me trae al fresco, si bien mi magnanimidad me llevó a cederle el número a mi amigo por interés y petición expresa suyos.

Como, repito, me tocaba a mí entrar al servicio, reparé en que los seis (número ratificado por mis amigos) botes de champú de la bañera estaban tirados por los suelos, así como un bote de oraldine en el lavabo. Además, decía ella, le faltaba un zapato que no aparecía por sitio alguno del cuarto de baño. De esto, un amigo y yo sacamos las siguientes conclusiones:

  1. La gorda se había indigestado por la ingestión de uno de sus zapatos.
  2. La ingestión indiscriminada, abusiva y sin prescripción de oraldine y quizás de seis botes de champú estuvo a punto de causarle la muerte, precedida por un inmenso griterío.

Entre el descojone de todos los que nos entendían, creí conveniente señalar que, si la casa estuviera en un bajo (estaba, sin embargo, en un cuarto), yo mismo la arrojaría por la ventana para que dejara de joder, momento en el que pasó la amiga por mi lado y, entre risas incontenidas, me dijo que “qué malo era” mientras me daba un bofetoncillo inocente en la cara, hecho que, si no fuera por mi anterior descubrimiento de quién era ella realmente, me hubiera llevado a hacerle cerdería fina que habría sido, sin duda alguna, correspondida por su parte.

Reducción al absurdo por las mujeres

Escrito por SodLogan en: Casposidad, Golfas, Reflexiones, Ver para creer , 1 solo comentario

Y ahora te preguntas: ¿y si yo, con ayuda divina, consiguiese plantear una solución genial y universal al problema que me plantea? Pues [ella, la novia que te acaba de dejar por X motivo que nadie mayor de 5 años se creería] añadiría otra incógnita inventada a la ecuación inicial que tiraría por el suelo todos tus argumentos.

¿Y si, aun así, en un acto de brillantez, encontrases otra solución para el nuevo problema? Pues pasaría que volvería a ponerle otra pega, volvería a regatearte tus argumentos como el mejor de los ronaldinhos indefinidamente hasta que el argumento que te saque sea tan llano y tan absurdo que ni siquiera tú te lo puedas creer, pensando: “esta tía es imbécil”; y es que tú no le has dejado más remedio que hacerla parecer imbécil, pero en su pequeña cabecita es mejor parecer imbécil y haberte hecho creer que todo tiene sentido —retorcidísimamente, pero lo tiene— que hacerte pensar que te ha mentido; incluso insitirá en ese argumento final para ver si te lo has tragado.

—Algún brillante usuario de minovia.es

Nightstalking barato 16 de Febrero del 2008

Escrito por SodLogan en: Casposidad, Golfas, Reflexiones , 12 comentarios

Anoche, medio celebrando el fin de los exámenes, salí con mis amigos de siempre por ahí, a hacer nada en especial: un billar, una cerveza, unos chupitos y, finalmente, unos bailoteos en algún garito. De tal suerte transcurrió la noche hasta que llegamos al garito.

Uno de estos amigos es uno del que ya he hablado por aquí más de una vez. Es el típico chaval que les gusta a las tías: guapetón, rubio, con los ojos azules, poeta/músico/cantautor y con una labia nada despreciable.

Como digo, llegamos al garito más o menos (más menos que más) entonados, lo suficiente como para aguzar un poco más nuestra locuacidad. Entramos y, como aún era tempranito, nos sentamos a descansar mientras se llenaba aquello un poco. Al poco rato nos levantamos mi amigo y yo y nos pusimos a hacer el capullo bailar mientras oteábamos el panorama. Vimos a dos chavalas asequibles y empezamos a estudiarlas y a maquinar el plan de asalto. Nos miraban, lo que hizo que cogiéramos confianza. Al momento se fueron al servicio, “para ponerse guapas para nosotros”, por supuesto.

Salieron y mi amigo me dijo que “me tocaba”, que fuera a decirles algo. Le dije que, ya que eran dos, igual que nosotros, que fuéramos los dos, cosa que me pareció razonabilísima. Él, sin embargo, no estaba de acuerdo y me dijo que fuera yo sólo y que ya después aparecería él. No sabía qué decirles, pero por supuesto no iba a irles con los típicos “¿estudias o trabajas?” o el “¿venís mucho por aquí?”. Mientras perfilábamos el abordaje, llegaron dos buitres, hecho por el que mi amigo se puso nervioso y empezó a imprecarme: “sabía que se nos iban a adelantar, que siempre pasa lo mismo”. Le tranquilicé diciéndole que los tíos iban a durar bien poco, y así ocurrió: al minuto las tías ya estaban haciéndoles el vacío y, tras insistir un poco, acabaron por irse.

Enajenado por el pequeño revés, mi amigo fue directamente a hablar con las dos, mientras que yo me quedé allí en medio. Viendo que pasó cosa de un minuto y que mi amigo no hacía amago de presentarme a las tías, me volví a sentarme con los otros dos. “Ahora se va a quedar todo el rato hablando con las tías, todo el rato encima de ellas”, les dije. Sentados, vimos incluso cómo se hacían fotos los tres.

Al rato vino mi amigo a recogernos para que fuéramos donde estaban él y las tías, aprovechando que éstas habían ido a pedir algo de beber. Fuimos hacia allí, y tuvimos una pequeña charla:

—Lo hemos hecho mal: has venido a recogernos y ahora estamos aquí los cuatro como capullos esperando a dos tías, por lo que van a notar que estamos para ellas. Tenías que haberte sentado allí con nosotros y ya vendrían ellas a buscarte. Encima, les habrás entrado con la típica mierda del “¿venís mucho por aquí?”.

—Claro, y ahí está: es una mierda de entrada pero ahí he estado hablando un rato con ellas; infalibilidad demostrada cien por cien.

—Bueno, y les habrás pedido el messenger con la excusa de las fotos, ¿no?

—Qué va, tío, no se me ha ocurrido en el momento. Luego se lo pido.

—Muy bien. Ahora, cuando vengan, preséntanoslas para que no estemos los tres aquí como capullos.

Volvieron y siguieron hablando mi amigo y las dos pavas. Viendo nuevamente que no había perspectivas de presentación, les dije a los otros dos que volviéramos a sentarnos, que allí estábamos haciendo el capullo. “El nota está ofuscado con las tías y está todo el rato encima de ellas pasando de nosotros. Las tías lo van a notar y lo van a acabar mandando a la mierda. Si les dijera ‘bueno, me voy un rato con mis amigos, que los tengo ahí un poco abandonados’, sería un muy buen movimiento”, dije a mis amigos.

Al pasar un rato más, volvió mi amigo con grandes aspavientos y muecas. Después de haber estado hablando con ellas más de media hora y habiendo estado haciendo el capullo, les pidió una cosa tan banal como el messenger y se lo negaron. Tras este durísimo revés, mi amigo (ni nosotros tres) ya no tenía nada que hacer con aquellas dos, por lo que volvió con nosotros.

De vuelta a casa, enumeré la serie de errores en que había incurrido mi amigo y que habían sido causantes del rechazo final. Por orden cronológico:

  1. Haber entrado un solo tío a dos tías; mi plan original de ir los dos era aceptable, pero con la enajenación de ver cómo se nos adelantaron dos perdedores y casi las “perdemos”, fue él sólo sin encomendarse a nadie.
  2. Haberles entrado justo después de haber rechazado a no uno, sino dos tíos; en esos momentos las tías ven que tienen el poder de elegir, de decidir quién pasa su criba particular y a quién le conceden el dudoso honor de tener una conversación con ellas. En tales momentos tienen el ego por las nubes y entrarles es como cargar montado en un caballo contra una falange macedónica.
  3. Haberles entrado con algo tan escaso de originalidad y mediocre como el “¿venís mucho por aquí?”; ¿cuántos tíos antes que él le habrán entrado con la misma monserga? Muy posiblemente, los dos que le precedieron lo hicieron y acabaron como ya he contado. Si él no acabó así de forma instantánea fue por su cara bonita.
  4. Haber entablado conversación, olvidarse de nosotros y estar encima de las tías como si no hubiera nada ni nadie más; las tías le notaron la “desesperación” y que “él estaba para ellas”, por lo que el valor de mi amigo disminuyó a sus ojos. Si hubiera hecho lo que sugerí del “bueno, me voy con mis amigos, que los tengo un poco abandonados”, su valor habría subido como la espuma y habrían sido ellas las que hubieran ido a buscarlo a él.
  5. No habernos presentado; ¿acaso mi amigo tenía miedo de que alguno fuéramos a levantarle a alguna? Posiblemente no, pero eso es lo que pensaron las tías: un punto menos.
  6. Haberles pedido el messenger por las buenas cuando ya se iba a ir; las tías pensarían seguramente “¿Para qué, si ya tenemos el trofeo (las fotos con un tío rubio de ojos azules y una buena subidita de ego) y ya no nos vales?”.

Y éstos, amigos, son las conclusiones que saqué anoche de nuestro fracaso, aun cuando la batalla parecía ganada con “infalibilidad demostrada cien por cien”.

Reflexiones caesarianae

Escrito por SodLogan en: Reflexiones , escribe tu comentario

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Los hombres, en general, creen de buen grado aquello que desean.

Referida a la facilidad de engañar a las personas con el cebo adecuado.

Por norma, los hombres se preocupan más de lo que no pueden ver que de lo que pueden.

Referida a la manía del hombre de preocuparse más por lo que no existe, o no hay constancia factible de que exista, que de lo que tienen delante de sus propios ojos: concretamente, la religión.

Cayo Julio César en su De Bello Gallico

Carteles en la catedral 29 de Enero del 2008

Escrito por SodLogan en: Casposidad, Protestas, Reflexiones , 7 comentarios

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Hace unos meses creo que fueron unos mineros, y ahora son maestros al parecer. La cuestión es que la gente coge y ensucia la Catedral de Sevilla, un edificio que es Patrimonio de la Humanidad, con sus inmundas pancartas, cosa que me parece la sublimación de la aberración. Y no solo hacen tal bellaquería, sino que encima éstos son los carteles:

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Por lo que, frivolizando un poco, me alegro de que estos maestros estén en el paro, porque éstos que usan la @ para marcar masculino y femenino son los que después les meten en la cabeza a los niños que los nombres de días de la semana y meses del año van con mayúscula, que esto y ti llevan tilde y demás herejías como que las mayúsculas no llevan tilde, como parece desprenderse de la foto del recuento de DÍAS (ahora también me doy cuenta de que ni Andalucía lleva tilde). Primero aprendan cositas básicas y después podrán enseñarlas ustedes.